Pero más allá de que el grupo de ciberdelincuentes accediera a los computadores del DNC, lo que llama la atención es que siempre se subestimó el ataque, pese a alertas de un agente del FBI, reporta The New York Times.

El diario neoyorquino cuenta que el contratista encargado de brindar soporte técnico al DNC jamás tomó cartas en el asunto, luego de recibir varias llamadas de alerta de un agente del FBI, Adrian Hawkins, pues se limitó a buscar el grupo ‘The Dukes’ (Los duques) en Google y a hacer una investigación muy superficial.

Hoy en día, ese contratista, de nombre Yared Tamene, se excusa diciendo que él no tenía forma de saber si la llamada de Hawkins era genuina, o si quien llamaba era en verdad un agente del FBI.

Según reportería del periódico de Nueva York, y luego de hablar con docenas de personas objeto del ciberataque, funcionarios de inteligencia y personas de la administración de Obama, se evidencia “una serie de señales que se omitieron, respuestas lentas y una completa subestimación del ataque”.

Así las cosas, el ciberataque y posterior publicación de miles de correos de Hillary Clinton, las deficiencias de Hillary como candidata y las declaraciones del director del FBI, James Comey, días antes de las elecciones populares, ayudaron a entregarle el poder a Donald Trump, señala el ‘Times’.

Esta infiltración de los rusos en la política estadounidense fue confirmada en un alto porcentaje por parte de 16 de las 17 agencias de inteligencia de Estados Unidos, según un experto de apellido Mora, entrevistado por La W Radio.

La llegada de Petro a la Casa Blanca

El presidente Gustavo Petro llegó este martes 3 de febrero en la Casa Blanca con un objetivo puntual: reiniciar la relación con Donald Trump y dejar atrás el clima de tensión que marcó los primeros meses del vínculo entre ambos gobiernos. Este fue el primer encuentro y posiblemente el único cara a cara entre los dos mandatarios. Cabe resaltar que la reunión se da tras una llamada telefónica inesperada el pasado 7 de enero, en la que acordaron verse en Washington. Desde entonces, tanto Petro como Trump han bajado el tono en público, conscientes de que una confrontación abierta no beneficia a ninguno.