Inolvidable fue la escena en la que púgil, con las huellas del Parkinson que sufría, iluminó la noche inaugural de los Juegos de Atlanta en 1996:

En Barcelona 1992 por primera vez un atleta paralímpico tuvo el honor de encender el pebetero Olímpico. El honor fue para el arquero Antonio Rebollo:

La primera gran estrella que tuvo el honor de encender el pebetero Paavo Nurmi (ganador de 12 medallas olímpicas, 9 de ellas de oro) en Helsinki 1952. Cuentan las crónicas que el público estalló de júbilo al verlo y que los equipos participantes, alineados sobre el césped, se saltaron el protocolo para rodear a Nurmi y aclamarle.

Foto: Getty
Foto: Getty

 

El regatista Nikolaos Kaklamanakis, campeón olímpico en Atlanta, celebró la vuelta de los Juegos a su cuna con el encendido de un extraño pebetero en forma de aguja.

Li Ning, gimnasta ganador de seis medallas en Los Ángeles 1984, voló sobre El Nido de Pekín 2008 para poner la guinda a una ceremonia grandiosa.

‘El bebé de Hiroshima’, fue como se apodó a Yoshinori Sakai, quien prendió la llama en los Juegos de Tokio en un momento de emoción extrema. Sakai nació Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el mismo día en que el bombardero estadounidense Enola Gay soltó la bomba atómica sobre la localidad japonesa.

Foto: Getty
Foto: Getty

Con EFE.