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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 25, 2026 - 6:35 am
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“Ricardo bajó a la aldea estrenando amaneceres”. Esta frase marca el inicio de una de las obras más significativas de la música social colombiana. Ricardo Semillas, un bambuco convertido en balada, representa mucho más que la fusión entre el poema y el canto: se trata de un testimonio vivo sobre la violencia política, la lucha social y la esperanza que han atravesado la historia reciente de Colombia. La pieza fue escrita por el poeta quindiano Nelson Osorio Marín y musicalizada por los hermanos Ana y Jaime Valencia Aristizábal, consolidándose con el tiempo como un himno de memoria y resistencia.

La reconstrucción del origen de Ricardo Semillas fue posible gracias a archivos inéditos proporcionados por Álvaro Noreña Jiménez a la Casa Museo Musical del Quindío, y a la investigación de Álvaro Pareja Castro, director del Centro de Documentación e Investigación Musical del Quindío. Según relató Noreña, el poema pasó al formato de canción en memoria de Ricardo Lara Parada, líder social asesinado en 1985. Ana y Jaime Valencia presentaron la obra en el primer Festival del Coco en 1971, obteniendo el tercer lugar y aportando así al reconocimiento internacional del tema.

Durante los años setenta, el dueto Ana y Jaime cautivó con canciones como Ricardo Semillas y Este viento amor. Para Noreña, la música de Osorio se caracterizó por abordar la protesta y el amor, utilizando sonidos sencillos, especialmente guitarras, para conectar con la música latinoamericana de protesta, así como canciones más complejas alineadas con el pop internacional. Además, el poeta fue recordado como un ser solidario, generoso y cercano, cuya producción literaria siempre mantuvo un hilo crítico hacia el establecimiento y una mirada renovadora hacia la realidad social del país.

Nelson Osorio Marín, nacido en Calarcá en 1941 y fallecido en Bogotá en 1997, fue poeta, minicuentista, compositor y publicista. Estudió Derecho y Sociología y publicó varias obras, como Cada hombre es un camino y Al pie de las letras. Su pluma siempre estuvo comprometida con lo social y la transformación cultural, consolidándose como una referencia en la música y la poesía con sentido político.

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Según Álvaro Pareja Castro, Osorio fue un activista vinculado inicialmente al Partido Comunista y posteriormente simpatizante del M-19, aunque sin llegar a una relación formal con este movimiento. La vida del poeta transcurrió en diversas ciudades, desde su nacimiento en Calarcá, su infancia en Pereira y su establecimiento definitivo en Bogotá, donde profundizó en el ámbito de la publicidad y colaboró también en la creación de jingles publicitarios junto a Jaime Valencia.

Pareja subrayó la importancia del contexto político de los años ochenta en la carga ideológica de las obras de Osorio, época atravesada por la represión contra movimientos de izquierda durante la vigencia del Estatuto de Seguridad. En dicho contexto, Ricardo Semillas funciona como un poema-canción de denuncia y memoria, donde la literatura se convierte en una herramienta de resistencia y transformación social. La figura de “bajar a la aldea” representa el paso del campo a la comunidad para sembrar ideas de justicia y cambio, mientras que la semilla simboliza nuevas ideas para enfrentar la desigualdad y la dominación política.

El destino trágico de Ricardo, quien es asesinado en medio de su labor política, refuerza la fuerza testimonial de la canción. El legado del poema trasciende la memoria individual y se enmarca en la representación colectiva de las luchas políticas y sociales de toda una época. Así, Osorio propone una visión crítica, exigiendo la superación del conflicto y la búsqueda de una paz que permita transformar las estructuras injustas de la sociedad colombiana. Ricardo Semillas permanece, por tanto, como un llamado urgente a la conciencia, la resistencia y la esperanza frente a la violencia política.

¿Qué representa el bambuco en la música andina colombiana?

El bambuco, género en el que se inscribe Ricardo Semillas, es una de las expresiones más emblemáticas de la música andina de Colombia. La inclusión de esta obra dentro de dicho género no solo le da identidad regional, sino que la inscribe en una larga tradición cultural que ha servido para articular valores, historias y resistencias en la región andina. Este tipo de música conecta la poesía y la memoria colectiva con la sonoridad típica de guitarras y ritmos andinos, reforzando el mensaje social de la obra.

En este contexto, el bambuco no solo cobra importancia por su musicalidad, sino por su capacidad de ser vehículo de narrativas sociales e históricas que perviven en la memoria popular. Obras como Ricardo Semillas ejemplifican cómo el arte puede ser al mismo tiempo una denuncia política y una manera de fortalecer la identidad cultural.


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