Los ‘Cascos Blancos’, conocidos socorristas de las zonas rebeldes de Siria, fueron recompensados este domingo en los Óscar a través de un documental sobre el trabajo que desempeñan, arriesgando la vida, para salvar a los civiles víctimas de la guerra.

Antes de la guerra de Siria eran panaderos, pintores o estudiantes. Desde que estalló el conflicto son voluntarios para salvar a los civiles de los bombardeos y combates en las zonas rebeldes.

Candidatos al Premio Nobel de la Paz el año pasado, los ‘Cascos Blancos’ salieron del anonimato gracias a unos espeluznantes videos que circularon por las redes sociales en los que se les podía ver, equipados con sus cascos, precipitándose hacia edificios bombardeados para buscar supervivientes entre los escombros.

A pesar de una petición firmada por miles de personas, el galardón terminó en manos del presidente Juan Manuel Santos.

Pero para estos 3.000 socorristas, “nuestra organización es salvar una vida, salvar toda la humanidad”, expresó Raed Saleh en un comunicado que leyó el director Orlando von Einsiedel.

Saleh no pudo viajar a Estados Unidos a recibir el premio porque su pasaporte fue bloqueado por el gobierno sirio.

“Hemos salvado más de 82.000 vidas de civiles. Invito a todo el mundo aquí a trabajar del lado de la vida, a detener el derrame de sangre en Siria y en todo el mundo. Es muy fácil para estas personas sentirse olvidados, esta es una guerra que lleva seis años”, añadió el jefe de estos héroes anónimos de la guerra, que a veces no tienen más que sus manos desnudas para excavar.

Al Saleh tuiteó más temprano sobre un ataque aéreo en Harasta con “materiales tóxicos”.

“Valor excepcional”

En total, 142 Cascos Blancos perdieron la vida desde que el grupo vio la luz en 2013, dos años después de las manifestaciones pacíficas pro democracia inspiradas en la Primavera Árabe de marzo de 2011, reprimidas violentamente por el régimen de Bashar al Asad, lo que dio inicio al conflicto.

En casi seis años, la guerra dejó más de 310.000 muertos y millones de desplazados.

Los detractores de los ‘Cascos Blancos’, generalmente partidarios del régimen de Damasco o de Rusia, los acusan de ser títeres en manos de los donantes internacionales.

Pero estas críticas son mínimas en comparación con los apoyos que reciben estos voluntarios, galardonados en septiembre con el premio sueco Right Livelihood, el “Nobel alternativo”, cuyo jurado elogió su “valor excepcional, su compasión y su compromiso humanitario”.

En 2014, cuando sus esfuerzos empezaban a ser reconocidos en el extranjero, los equipos de Defensa Civil Siria se ganaron el apodo de ‘Cascos Blancos’.

Los alrededor de 3.000 voluntarios, entre ellos 78 mujeres, operan en 120 centros en ocho provincias sirias, únicamente en territorio rebelde. Afirman que no tienen derecho a trabajar en las zonas controladas por el gobierno.

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Con EFE