Cabal y Gómez se manifestaron este martes, día en que comenzó una cuarentena en tres localidades de la capital (Engativá, Suba y Usaquén), en las cuales es evidente la ausencia de personas en las calles.

Estos gremios critican la medida que tomó el alcalde encargado de la ciudad, Luis Ernesto Gómez, y que se extenderá hasta el próximo 17 de enero. El estricto aislamiento aplicado a las tres localidades del norte de Bogotá obedece a que, según la Alcaldía, es allí donde más fuerte se está presentando la segunda ola de la pandemia.

“Hay que reconocer, y obviamente es muy preocupante la situación de alarma con la saturación de las UCI en los hospitales del país”, admitió Cabal en Caracol Radio, y no se refirió únicamente al caso de Bogotá: “Todo este tipo de medidas restrictivas que empiezan a tomar alcaldes y gobernadores es como volver a empezar, volver a lo mismo: volvemos al comienzo del año pasado en marzo, cuando esa fue la estrategia para frenar el avance del contagio del coronavirus y preparar el sistema de salud”.

Para Cabal, “un año después estamos en los mismo”, porque el país tiene un panorama de saturación de UCI “y las medidas carecen de ningún tipo de creatividad”. Este dirigente gremial considera que “solamente cerrar la actividad formal y productiva es lo que se genera por parte de los alcaldes”.

“Pero el control en las calles, las aglomeraciones, las ventas informales sí siguen teniendo toda la permisividad”, reclamó Cabal en la emisora. “Y lamentablemente no se ha hecho un control de la disciplina ciudadana y un ejercicio de la autoridad para evitar que la gente viole las normas de protocolos de bioseguridad”.

Se preguntó, además: “¿Será que los colombianos que han recibido comparendos por estar en las calles en algún momento los van a pagar, o este tipo de medidas requieren un poquito más de sanciones más fuertes?”. Consideró que la situación “no es afectar al comercio y al empleo formal, porque es ahí donde también hay graves consecuencias económicas y sociales”.

“Nos preguntamos por qué no se ha avanzado con medidas más creativas con tecnología, con cercos epidemiológicos, como lo hicieron muchas ciudades y países en Asia”, insistió Cabal, y advirtió que “el riesgo de contagio no está en los establecimientos que cumplen con los protocolos de bioseguridad, sino en las calles, en la gente que no usa tapabocas, que no guarda el distanciamiento social, las aglomeraciones, las ventas informales. Ahí es donde se están generando estos picos de contagio”.

Por su parte, Guillermo Gómez, presidente Acodres, admitió en Noticias caracol que “la gente no está ayudando; está subestimando la pandemia”, pero calificó como “problema” el hecho de que “se tomen decisiones de un día para otro”.

“Y un sector como el gastronómico, que tiene reservas para sus clientes, y ya pagadas por esos clientes; que tiene comprados inventarios de productos perecederos (recordemos que hace poco se motivaba que les compráramos los productos a nuestros campesinos), se nos van a dañar, se nos van a perder; con un cúmulo de deudas que tuvimos por cuenta de las cuarentenas, hoy volver a eso de un día para otro, sin avisarnos con tiempo para poder dejar de comprar insumos y tener algunas precauciones que salven nuestros negocios, pues se convierte en un golpe terrible”, lamentó Gómez.

Aseguró que entienden la necesidad de la cuarentena. “Claramente, la gente no está haciendo caso, al no hacer caso las autoridades tienen que poner medidas rigurosas. Pero el problema es que estamos cargando con los costos las empresas formales que aplicamos protocolos de bioseguridad, que les enseñamos a nuestros clientes a cuidarse, y los mandan a encerrarse en las casas en donde se ha hecho visible que no es un lugar en donde las personas implementen medidas de autocuidado. Entonces, tal vez sí, pero no así”.

Mauricio Santamaría, presidente de Anif, ya había comentado a finales del año pasado en Twitter cómo solo la medida del pico y cédula afectaba a los restaurantes y al comercio: