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El panorama de la inflación en Colombia al cierre del año pasado evidencia grandes desafíos para la economía nacional. Según El Colombiano, la inflación finalizó el año 2025 en un 5,1%, apenas diez puntos básicos por debajo del resultado de 2024. Es importante señalar que este nivel se ha mantenido persistentemente superior al 5% durante casi toda la anualidad, lo que contrasta marcadamente con la situación de países vecinos en América Latina como Brasil, Chile, México y Perú, donde la inflación ya se encuentra dentro del rango objetivo establecido por sus respectivos bancos centrales.
Esta situación notoria coloca a Colombia como el único país de la región que sigue fuera de su meta de inflación, establecida por el Banco de la República, la autoridad monetaria nacional. De acuerdo con un reciente estudio del equipo de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, Colombia suma ya cinco años consecutivos sin alcanzar ese rango previsto, lo que refleja un problema de fondo en la dinámica de los precios.
El informe de Corficolombiana apunta que la persistencia de la inflación obedece, en buena parte, a la fuerte indexación de los precios de los servicios, que a su vez depende de inflaciones pasadas y los continuos incrementos del salario mínimo. Estas fuerzas generan lo que los especialistas llaman un “desanclaje estructural”, en el que se dificulta controlar los precios únicamente por medio de la política de tasas de interés.
Un hecho determinante para las proyecciones de 2026 es el aumento del 23% en el salario mínimo, el cual supera en 17 puntos porcentuales la sugerencia técnica. Según Corficolombiana, este ajuste es “el principal motor que impulsará los precios” en el futuro inmediato. Como resultado, las estimaciones sobre la inflación para el 2026 han sido corregidas al alza, situándose ahora en un 6,5%, notablemente más alto que el 4,9% anticipado previamente.
Parte del problema radica en que cerca del 60% de la canasta con la que se mide el Índice de Precios al Consumidor (IPC) está ligada, directa o indirectamente, a la inflación pasada o al salario mínimo. Esto establece un “piso” elevado para la inflación, dificultando su reducción significativa. Especialistas prevén que el aumento se sentirá con más fuerza en los servicios, donde la inflación podría escalar del 5,7% al 8,7%. Si se excluyen los arriendos, servicios como restaurantes, educación no escolar, peluquerías y trabajo doméstico, presentan un riesgo inflacionario aún mayor, pudiendo llegar al 12,3%, debido a su alta dependencia de la mano de obra.
El informe identifica riesgos adicionales asociados al suministro de servicios públicos, como gas y electricidad, cuyo desabastecimiento impactaría las tarifas; además, el incremento de ingresos por remesas, la cosecha cafetera y el gasto público podrían presionar aún más los precios, intensificando la demanda interna. Asimismo, la elevada inflación de 2026 podría trasladarse a 2027 por el ajuste de contratos y arriendos que dependen del índice inflacionario vigente.
Pese a estos retos, existen factores que amortiguan parcialmente el impacto. La apreciación reciente del peso colombiano frente al dólar ayuda a limitar los aumentos de precios en bienes importados, mientras que el buen abastecimiento de alimentos perecederos contribuye a atenuar el alza general de precios. Aunque se prevé un fenómeno de El Niño moderado, la situación actual del abastecimiento sigue siendo favorable.
Dada esta coyuntura, Corficolombiana anticipa que el Banco de la República tendrá que tomar medidas contundentes, con una probabilidad alta de subir con fuerza la tasa de interés para contener las expectativas inflacionarias, que ya podrían superar el 6% para enero. Las decisiones futuras estarán directamente ligadas a la percepción del mercado respecto al rumbo de los precios.
¿Por qué el aumento del salario mínimo incide tanto en la inflación?
El peso del salario mínimo en la economía colombiana es considerable, ya que importantes segmentos de la canasta del Índice de Precios al Consumidor (IPC) están directamente indexados o atados de manera indirecta a este indicador. Según el estudio de Corficolombiana citado por El Colombiano, aproximadamente el 60% del IPC se ajusta tomando como referencia el salario mínimo o la inflación del año anterior. Esto significa que cualquier variación significativa en el salario mínimo se traslada casi de inmediato a los precios de una amplia gama de bienes y servicios.
El fenómeno de indexación implica que al aumentar el salario mínimo, suben también los costos en sectores como servicios personales, arriendos, educación y otros rubros intensivos en mano de obra. Esta dinámica no solo garantiza cierto poder adquisitivo a los trabajadores, sino que, en un contexto de inflación elevada, puede reforzar un ciclo difícil de romper y limitar la capacidad de la política monetaria para controlar la inflación general.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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