El director de la carrera, Christian Prudhomme, aseguró que la medida se ha adoptado en concertación con las autoridades sanitarias francesas, que son las que establecen el marco de protección sanitaria frente a la pandemia.

Sin embargo, hasta este sábado persistía la duda de si los dos positivos debían afectar solo a los ocho corredores o a todo el personal de los equipos, por lo que el Gobierno francés se decidió por la medida más drástica, abarcando a todos los miembros de cada delegación.

Cada uno de los 22 equipos cuenta con un grupo de 30 personas en el Tour, que se encuentran aislados en una burbuja ajenos al contacto exterior, para evitar contagios entre sus componentes, lo que eleva el número de personas a vigilar a unas 700.

La Unión Ciclista Internacional impuso al Tour que los positivos tengan que confirmarse con un segundo test para ser tenidos en cuenta, y los organizadores aseguraron que lo harán siempre que sea posible en el plazo de tiempo. El Tour ha trasladado a la carrera un laboratorio móvil capaz de efectuar 50 test diarios en jornadas con etapa y 350 en los días de descanso.

La amenaza de exclusión se suma a las otras restricciones impuestas en una carrera que ya tuvo que ser retrasada dos meses de sus fechas habituales por la pandemia. Tras un verano de relativa calma, la COVID-19 ha recobrado fuerza en Francia, donde las autoridades sanitarias anunciaron este viernes más de 7.000 positivos en 24 horas.

La organización ha impuesto restricciones al público, que prácticamente estará ausente en las primeras jornadas en Niza y que será muy controlado en las etapas de montaña, donde más espectadores suelen acudir. A todos ellos se les invita a respetar las medidas de seguridad y a llevar mascarillas, algo que también será obligatorio para los ciclistas antes de comenzar las etapas y nada al cruzar la línea de meta.