Muchos se preguntan cómo se hace la Novena de Navidad o de Aguinaldos, como es conocida, o se confunden en el orden en que se reza, por lo que antes de las oraciones, los gozos, las consideraciones y los villancicos, aparece el paso a paso:

  1. Oración para todos los días.
  2. Consideración del día.
  3. Oración a la Santísima Virgen.
  4. Oración a San José
  5. Gozos.
  6. Oración al Niño Jesús.
  7. Villancicos.

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Oración para todos los días

Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro hijo la prenda de vuestro amor, para que hecho hombre en las entrañas de una Virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio. En retorno de él, os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro hijo humanado; suplicándoos por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que dispongáis nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido, con tal desprecio de todo lo terreno, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

(Se reza tres veces Gloria al Padre).

Consideración: día tercero de la novena

Así había comenzado su vida encarnada el Niño. Consideremos el alma gloriosa y el santo cuerpo que había tomado, adorándolos profundamente. Admirando en el primer lugar el alma de ese Divino Niño, consideremos en ella la plenitud de su gracia santificadora; la de su ciencia beatífica, por la cual desde el primer momento de su vida vio la divina esencia más claramente que todos los ángeles y leyó lo pasado, lo porvenir, con todos sus arcanos conocimientos.

No supo nunca por adquisición voluntaria nada que no supiese por infusión desde el primer momento de su ser; pero él adoptó todas las enfermedades de nuestra naturaleza a que dignamente podía someterse, aun cuando no fuesen necesarias para la grande obra que debía cumplir.

Pidámosle que sus divinas facultades suplan la debilidad de las nuestras y les den nueva energía; que su memoria nos enseñe a recordar sus beneficios, su entendimiento a pensar en él, su voluntad a no hacer sino lo que él quiere y en servicio suyo.

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Del alma del Niño Jesús pasemos ahora a su cuerpo. Que era un mundo de maravillas, una obra maestra de la mano de Dios. No era, como el nuestro, una traba para el alma: era, por el contrario, un nuevo elemento de santidad. Quiso que fuese pequeño y débil como el de todos los niños, y sujeto a todas las incomodidades de la infancia, para asemejarse más a nosotros y participar de nuestras humillaciones. El Espíritu Santo formó ese cuerpecillo divino con tal delicadeza y tal capacidad de sentir, que pudiese sufrir hasta el exceso para cumplir la grande obra de nuestra redención.

La belleza de ese cuerpo del Divino Niño fue superior a cuanto se ha imaginado jamás; la divina sangre que por sus venas empezó a circular desde el momento de la encarnación es la que lava todas las manchas del mundo culpable. Pidámosle que lave las nuestras en el sacramento de la penitencia, para que el día de su Navidad nos encuentre purificados, perdonados y dispuestos a recibirle con amor y provecho espiritual.

Oración a la Santísima Virgen María

Soberana María que por vuestras grandes virtudes, y especialmente por vuestra humildad, merecisteis que todo un Dios os escogiese por madre suya. Os suplico que vos misma preparéis y dispongáis mi alma y la de todos los que en este tiempo hiciesen esta novena, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado hijo. ¡Oh, dulcísima madre!, comunicadme algo del profundo recogimiento y divina ternura con que lo aguardasteis vos, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

(Se reza tres veces el Avemaría).

Oración a San José

¡Oh, santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinitas gracias doy a Dios porque os escogió para tan soberanos misterios y os adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Os ruego, por el amor que tuvisteis al Divino Niño, me abracéis en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente, mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén.

(Se reza un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria)

Gozos

Al terminar cada uno de los siguientes gozos, se canta, según el gusto de la persona una de estas dos opciones: “Dulce Jesús mío, mi niño adorado, ¡ven a nuestras almas, ven no tardes tanto! ¡Ven no tardes tanto!” o “ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús, ven, ven, ven, ven; ven a nuestras almas Jesús, ven, ven a nuestras almas; ¡no tardes tanto, no tarde tanto, Jesús, ven, ven! ¡Ven, ven!”.

1. Dulce Jesús mío, mi niño adorado, ¡ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

2. ¡Oh, Sapiencia suma, del Dios soberano, que a nivel de un niño, te hayas rebajado!  ¡Oh, Divino Niño, ven para enseñarnos, la prudencia que hace verdaderos sabios! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

3. ¡Oh, Adonai potente, que Moisés hablando, de Israel al pueblo diste los mandatos! ¡Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que un niño débil muestre fuerte el brazo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

4. ¡Oh, raíz sagrada, de José que en lo alto, presentas al orbe, tu fragante nardo! Dulcísimo Niño que has sido llamado Lirio de los valles, Bella flor del campo. ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

5. ¡Llave de David que abre al desterrado las cerradas puertas de regio palacio! ¡Sácanos. Oh, Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

6. ¡Oh, lumbre de Oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas, tu esplendor veamos! Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios. ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

7. ¡Espejo sin mancha, santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano! ¡Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de niño, da al mísero amparo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

8. ¡Rey de las naciones, Emmanuel preclaro. De Israel anhelo, Pastor del rebaño! ¡Niño que apacientas con suave cayado, ya la oveja arisca, ya el cordero manso! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

9. ¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto, bienhechor rocío como riego santo! ¡Ven hermoso Niño, ven Dios humanado! ¡Luce, Dios estrella! ¡Brota, flor del campo! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

10. ¡Ven que ya María previene sus brazos, do su niño vean, en tiempo cercanos! ¡Ven que ya José, con anhelo sacro, se dispone a hacerse de tu amor sagrario! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

11. ¡Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado! ¡Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

12. ¡Ven ante mis ojos, de ti enamorados! ¡Bese ya tus plantas! ¡Bese ya tus manos! ¡Prosternado en tierra, te tiendo los brazos, y aún más que mis frases, te dice mi llanto: ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

13. ¡Ven Salvador nuestro, por quien suspiramos! ¡Ven a nuestras almas! ¡Ven no tardes tanto!

Oración al Niño Jesús

Acordaos, ¡oh, dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del santísimo sacramento y, en persona suya, a todos vuestros devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”.

Llenos de confianza en vos, ¡oh, Jesús!, que sois la misma verdad, venimos a exponeros toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada. Concédenos por los méritos infinitos de vuestra infancia, la gracia de la cual necesitamos tanto.

Nos entregamos a vos, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que no que dará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.

Villancicos

Adicionales a dos villancicos, con letra y video, que se dejan en esta nota, se pueden encontrar otros cinco villancicos tradicionales en este enlace.

1. ‘Tutaina’

Tutaina, tuturumá

Tutaina, tuturumaina

Tutaina, tuturumá, turumá

Tutaina, tuturumaina.

 

Los pastores de Belén

vienen a adorar al niño,

la Virgen y San José

los reciben con cariño.

 

Tutaina, tuturumá

Tutaina, tuturumaina

Tutaina, tuturumá, turumá

Tutaina, tuturumaina.

 

Tres reyes vienen también,

con incienso, mirra y oro,

a ofrendar a Dios su bien,

con el más grande tesoro.

 

Tutaina, tuturumá

Tutaina, tuturumaina

Tutaina, tuturumá, turumá

Tutaina, tuturumaina.

 

Vamos todos a cantar,

con amor y alegría,

porque acaba de llegar,

de los cielos el Mesías.

 

Tutaina, tuturumá

Tutaina, tuturumaina

Tutaina, tuturumá, turumá

Tutaina, tuturumaina

2. ‘Antón tiruliruliru’

Antón, tiruliruliru

Anton, tirulirurá

Anton, tiruliruliru

Anton, tirurilurá

Jesús al pesebre vamos a adorar 

Jesús al pesebre vamos a adorar.

 

Duérmete niño chiquito,

que la noche viene ya.

Cierra pronto tus ojitos,

que el viento te arrullará.

 

Antón, tiruliruliru

Anton, tirulirurá

Anton, tiruliruliru

Anton, tirurilurá

Jesús al pesebre vamos a adorar 

Jesús al pesebre vamos a adorar. 

 

Duérmete niño chiquito,

que tu madre velará.

Cierra pronto tus ojitos,

porque la entristecerás.

 

Antón, tiruliruliru

Anton, tirulirurá

Anton, tiruliruliru

Anton, tirurilurá

Jesús al pesebre vamos a adorar 

Jesús al pesebre vamos a adorar.