Tanto su fauna como su flora se destacan y se han convertido en un símbolo para la conservación de la naturaleza.

Entre tantas noticias de corrupción y de accidentes naturales, los medios dejaron pasar, en buena medida, desapercibida una información que en otro lugar habría ocupado las primeras planas de los medios de información.

La comunidad de Cajamarca, en el departamento del Quindío, salió a las calles para votar en contra o a favor de la minería; en un ejercicio electoral, frente a una actividad económica que es en buena medida privada, pero que requiere una licencia estatal para su explotación.

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El resultado de esta convocatoria, en una decisión democrática, realmente participativa, afectó a la población de este pequeño municipio. Más allá de un conteo de votos, Cajamarca se ha convertido en un símbolo nacional. En una expresión de que los principios ecológicos priman sobre la explotación de los recursos no renovables.

La responsabilidad de unos pocos colombianos sobre un pequeño territorio es enorme, ya que esta zona es un refugio para especies vegetales y para una fauna que está en vía de extinción.

El voto popular determinó que se cerrara la exploración minera, y más allá que no se continuaran otorgando licencias para la búsqueda y exploración de minerales.

A diferencia de una elección de representantes políticos, de escogencia de gobernantes, aquí no se votó por personas sino por ideas, por conceptos, por valores, por la primacía de la ecología frente a los intereses económicos.

Mirando con lupa y entre noticias de orden público, aparecen otras informaciones como que el posconflicto permitirá poner los ojos en la protección de diferentes especies, entre otras hermosas aves, una gran variedad de colibríes, las tortugas, los delfines o los característicos osos de anteojos.

Aunque las normas de la minería son estrictas, y es claro en que casos se cae en la ilegalidad. Sólo hasta ahora la comunidad colombiana tiene una directa e importante participación en la decisión del uso de la tierra, de qué debe primar a la hora de aprovechar los recursos naturales tanto renovables como no renovables.

“Verde que te quiero verde”, decía el poeta español Antonio Machado y, básicamente, ese es el canto de las poblaciones colombianas que buscan que la conservación de la naturaleza se coloque por encima de cualquier otro interés económico.

Las elecciones, a través del fervor popular, podrán cambiar el color del mapa de nuestra nación.

Las tonalidades de verde primarán sobre los grises, cafés y tonos opacos que simbolizan los minerales que se esconden bajo el manto natural. Sin duda todos los electores colombianos pondrán a presionar los mecanismos de elección popular. La tierra es de todos y el uso de ella debe estar en manos de la población mayoritaria.