Hasta ahora se ha hablado de manera genérica de los encapuchados que arruinan las manifestaciones de ciudadanos que quieren expresar pacíficamente sus reclamos, pero ese monstruo que permanece agazapado y aprovecha el inconformismo ciudadano —y que apareció y asustó a varias ciudades, incluida la capital, desde el jueves pasado— tiene muchas caras que pretende ocultar bajo una capucha, aunque en ocasiones no la usa.

Lozano, en su columna del diario bogotano, suma a las cuatro clases de vándalos que señala inicialmente, los saqueadores de almacenes. Pero agrega otros que denunciaron las autoridades, que oscurecen aún más el panorama, y que, incluso —aunque el columnista no lo dice—, tienen la capacidad de afectar seriamente la seguridad nacional: “La Policía dijo que el Eln estaba pagando agitadores. Y probablemente las disidencias de las Farc, también”.

“Y había vándalos de exportación. Y vándalos locales. Y ladrones de ocasión”, añade Lozano, con lo cual dibuja la magnitud del reto que deben enfrentar el Estado y los mismos ciudadanos si quieren no solo mantener limpias y con legitimidad sus expresiones de inconformidad, sino preservar sus vidas y sus bienes.

“En este dramático toma y dame que tiene como únicas víctimas a ciudadanos indefensos, los vándalos hicieron de las suyas y provocaron una noche de terror que ameritó el primer toque de queda en casi cinco décadas en Bogotá”, lamenta Lozano. “Las víctimas del pánico fueron, inicialmente, familias humildes que sintieron que en una noche de anarquía y descontrol podían perder todo lo que habían conseguido en la vida a punta de trabajo, sacrificio, esfuerzo y dedicación”.

Y, como si eso fuera poco, a la gama de vándalos del inventario de Lozano se suman los “bobos útiles”, las “marionetas”, que identifica en este paisaje de caos Alfonso Otoya Mejía, en El País, de Cali, que cuenta que durante las 11 horas del toque de queda en la capital del Valle, vivió con su familia “momentos de zozobra debido a que por distintas redes sociales, amigos y familiares compartían todo tipo de información, alguna cierta otra falsa”.

“[…] Era el interés de quienes quieren desestabilizar el país con medidas populistas y anárquicas. Se tiene evidencia que existió una red de videos y noticias falsas que buscaban generar la desconfianza de los ciudadanos entre sí. Entre hechos reales y falsos lograron desestabilizarnos y hacer mucho más difícil el control por parte de las autoridades”, sostiene Otoya Mejía en el diario caleño. “Esta coordinación, simultaneidad y efecto dominó […] hoy está siendo usada de manera estratégica por personas que conocen cómo reaccionamos con las nuevas tecnologías de comunicación, convirtiéndonos en bobos útiles”.

Gustavo Gómez, en su columna de El Tiempo, cita al analista Leonardo García, para quien “estamos asistiendo a una instrumentalización de la protesta. A través de los medios, de las redes y de los celulares, hemos venido consumiendo videos, fotos y textos que nos han llevado a un estado de indignación. Y a un justificado cansancio de los ciudadanos”.

“El caos de los últimos días nos ha disminuido el derecho a la tranquilidad, el derecho a dormir sin sobresaltos, el derecho a movilizarnos y el derecho a que las empresas y los comercios operen”, escribe Gómez. “Pasamos un fin de semana de terror artificial. Con entradas de vándalos a conjuntos residenciales en tiempos y formas muy similares, y con el respectivo registro en videos para que la gente, asustada, los compartiera con sus conocidos”.

Por su parte, Luis Carlos Vélez es más directo al referirse al vandalismo en las protestas. “Una cosa son las marchas y los cacerolazos y otra muy diferente son los saqueos, disturbios y la destrucción. Los dos primeros representan un evidente jalón de orejas a la administración del presidente Iván Duque y, por qué no, a toda la estirpe política del país. Lo otro, oportunismo delincuencial y una peligrosa estrategia calculada para desestabilizar la nación”, escribe en El Espectador.

Pero va más lejos que los planteamientos de sus colegas y le pone nombre propio a quien, según él, maneja a ese monstruo vandálico de mil caras que se presenta encapuchado: “Se debe señalar a quienes no les importa el caos y están prestos para pescar en río revuelto, como Gustavo Petro. Entiendo que se beneficia de todo esto, pero lo responsable es poner al país primero que sus pretensiones personales. Una condena de su parte frente a los desmanes es lo mínimo que puede hacer, aunque sospecho que no lo hará, ya que es evidente que todo esto lo reencaucha. Gustavo, gane las elecciones en las urnas, no azuzando tumbar un gobierno”.