Rajal fue una de las 8 fotorreporteras, de las cientos que se postularon, que se ganó una beca de la organización International Women’s Media Foundation (IWMF). Uno de los premios era viajar a Medellín, con todo pago (tiquetes, trayectos y hotel), para estar presente en ese festival, publica el diario El Espectador.

Su vuelo desde México tenía escala en Bogotá y en el aeropuerto internacional El Dorado, Alejandra Rajal fue apartada de sus compañeras de viaje y llevada a una oficina de Migración Colombia para ser interrogada, explica el mismo medio.

Lastimosamente para ella, lo que pensó que se iba a demorar unos minutos y era por rutina se terminó convirtiendo en una pesadilla de 11 horas retenida y, lo peor, deportada a su país.

Además de estar en Medellín, la fotógrafa tenía la idea de hacer un trabajo sobre el río Cauca y esta era una oportunidad para hacer sus primeros acercamientos a ese proyecto. Pero nunca pudo entrar a Colombia de manera efectiva, detalla el rotativo nacional.

“Cuando me bajé del avión ya había agentes de migración esperando y apartando de la fila a algunas personas, incluso antes de pasar por la parte de inmigración. Era un vuelo que venía de México, entonces me imaginé que era rutinario”, dijo Rajal a El Espectador y añadió:

“Era mi primera vez en Colombia y nunca había tenido esta clase de problema en ningún país. También tengo familiares que han venido y sí decían que revisaban todo, pero no tenía idea que iba a terminar en esta situación. Pensé que era una revisión de rutina, que inició de forma normal hasta que mi celular fue retirado”.

Rajal denunció al mismo diario que su celular fue revisado y que cuando preguntó por los motivos de su retención le dijeron que no había traído dinero suficiente y que había mentido al decir que tenía una sola amiga en Colombia, pero que en su teléfono tenía 6 contactos de gente de Colombia.

Ella explicó, sobre el dinero, que la mayoría de sus gastos ya estaban pagos porque se había ganado esa beca y que además tenía 150 dólares una tarjeta de crédito para cubrir sus comidas. Sobre los contactos del celular señaló que no conocía a las personas que tenía guardada, pues “soy periodista y venía a Colombia, es gente que no conozco, pero que en algún momento busqué, pero no son personas a las que pueda acudir”.

“El sentimiento de angustia es horrible. Tenía sentimientos de culpa por fallarle a la organización, no entendía cómo había terminado aquí, me sentía enojada y frustrada. Con impotencia. No puedes hacer nada, estás vigilada, tienes limitado por donde puedes caminar. Pero te tienes que controlar”, contó Rajal.

Sin embargo, ninguna de las explicaciones de la mexicana ni la ayuda de una integrante de Women’s Media Foundation (IWMF) sirvieron para que la dejaran entrar al país. Migración Colombia, consultada por El Espectador, explicó que todo hizo parte de un “proceso normal” y que cada país tiene la soberanía de decidir quién ingresa y quién no a su territorio.

Un funcionario de esa entidad dijo que la fotógrafa “no cumplía una serie de requisitos y mintió en la entrevista migratoria” y además se presentó como turista y “realmente venía a trabajar y cubrir el Festival Gabo de Periodismo”, algo que fue desmentido por la misma Rajal, quien destacó que solo iba a estar como asistente.

Por último, Migración Colombia aseguró que la mexicana también mintió al decir que iba a Medellín cuando su destino final era Cúcuta, pero ella volvió a decir que estaban errados porque el funcionario indujo que iría a esa ciudad por tener un contacto guardado en su celular como “IWMF Cúcuta”, pero “solo era por si necesitaba algo de información”, detalló a El Espectador.

Sin embargo, las otras ganadoras de la beca viajaron a Medellín en las mismas condiciones que Alejandra Rajal y a ellas sí se les permitió el ingreso a Colombia.

“Pienso que mi caso fue un área gris difícil de definir. Pero espero poder regresar y participar de los eventos que tenía planeados”, finalizó la fotorreportera.

Este tipo de casos son más comunes de lo normal, incluso esta semana a la joven colombiana María Paula Chala le pasó algo similar en el aeropuerto de Cancún (México). Incluso, Chala, de acuerdo con El Tiempo, fue denigrada durante 3 días hasta que fue deportada.