Esa descalificación de Duque se produjo por el anuncio de alias ‘Iván Márquez’, ‘Jesús Santrich’ y compañía de retomar las armas, expuesto en un video en el que los integrantes de la nueva banda criminal aparecen con fusiles y pistolas.

Para Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, las frases que dijo Duque “seguramente impulsado por el ala radical de su partido político” han caído “bastante mal en la comunidad internacional y […] han causado […] críticas por parte de analistas y especialistas”.

“Los datos, la evidencia empírica y las comparaciones internacionales muestran que el presidente se equivoca”, asevera Ávila en su columna del diario español, y ofrece cifras significativas: las extintas Farc entregaron 9.000 armas que fueron registradas por el Mecanismo de Verificación del Consejo de Seguridad de ONU, y fueron almacenadas en contenedores.

“Al final del proceso de dejación de armas […] se acreditaron 13.000 exguerrilleros, de los cuales poco más de 3.000 estaban en cárceles”, precisa Ávila. “Esto quiere decir que el proceso de dejación de armas entregó casi un arma por guerrillero desmovilizado, algo único en el mundo. Es el proceso de paz que más armas ha entregado por desmovilizado”.

Eso, para este investigador y analista, es “muy diferente” a lo que ocurrió con la desmovilización paramilitar en el gobierno de Álvaro Uribe. “En esa ocasión fueron más de 31.000 desmovilizados y apenas se entregaron 18.000 armas, es decir, 0.56 armas por desmovilizado. Casi la mitad de los desmovilizados no entregaron armas”.

Hay que decir, sin embargo, que el uribismo, a través de, por ejemplo, la senadora Paloma Valencia en El Nuevo Siglo, ofrece otras cifras para probar que la desmovilización que promovió Uribe “sigue siendo la más grande la historia pues desmovilizaron 52 mil hombres en armas de los cuales 36 mil eran paramilitares”.

Pero Ávila también arriesga un calificativo para describir lo que significó, en lo técnico, el proceso de entrega de armas de los paramilitares: “Fue un verdadero desastre”, porque “las armas no tenían mecanismo de registro”, y pone como ejemplo el caso del bloque ‘Cacique Nutibara’, que entregó “armas hechizas, dañadas y armas blancas”.

“Fue una verdadera vergüenza”, recalca Ávila. “Y nadie dijo nada, el Gobierno Uribe a pesar del engaño continuó con el proceso de desmovilización”.

Contrasta eso con lo que pasó con las Farc: “El cese al fuego bilateral realizado […] fue uno de los más exitosos, con niveles de cumplimiento superiores al 90%. Son menos de veinte muertos los que se contaron. En cambio, con los paramilitares, hubo más de 2.500 asesinatos, varias masacres […]. Igualmente, nadie dijo nada, el gobierno Uribe continuó con las negociaciones”.