La llamada, interceptada por la Policía Judicial y transcrita en un documento difundido por La W, deja en evidencia la insistencia que la exsenadora, condenada por compra de votos, tenía por ir a su cita de odontología.

La comunicación se dio a las 9:27 de la mañana del primero de octubre del 2019, fecha en la que Merlano escapó por la ventana del consultorio donde la estaban atendiendo.

En el diálogo, la excongresista le dijo a su hija, Aída Victoria, que iba a pelear para que la llevaran a la cita médica porque no soportaba un dolor de boca que supuestamente tenía, que no la dejaba ni comer.

“La voy a formar, sí, porque yo lo que tengo es unas curas en la boca y ya no aguanto el dolor. No estoy comiendo bien, no puedo masticar la comida de aquí y ayer me confirmaron. […] Yo ahora voy a formarla, pero a mí me sacan o me sacan. Ya estoy tomando mucho analgésico y ya no puedo aguantar más”, le dijo Merlano a su hija.

Enseguida, Aída Victoria alentó a su mamá para que le insistiera a las autoridades del Buen Pastor, cárcel de Bogotá en la que estaba presa Merlano, que la llevaran a la cita, pues le manifiesta que si sigue tomando análgesicos se va a terminar enfermando de los riñones.

En otros apartes de la charla, la exsenadora le dice a su hija que ya le pagó al doctor 6 millones de pesos, y que, usualmente, cuando él la atendía a ella, no atendía a nadie más en el día.

Esa conversación será usada por la defensa de Aída Victoria para argumentar que la joven no tuvo nada que ver con el plan de fuga de su mamá, que actualmente se encuentra en Venezuela.