“Si el Centro Democrático insiste en culpar a la ‘izquierda’ de los desmanes y en equiparar a los manifestantes con los vándalos, y si la estigmatización es la respuesta oficial, no nos extrañará seguir escuchando las cacerolas”, sostiene el diario bogotano en su editorial. “Una presidencia que se soñó como la unión y el futuro se verá estancada por un pueblo descontento que no se siente escuchado”.

Ese análisis es el fruto de tres días de protestas que se originaron el jueves pasado, cuando tuvo lugar el paro nacional convocado por organizaciones sindicales, estudiantiles, campesinas e indígenas, entre otras. Con todo, El Espectador no aporta elementos sobre cómo podría darse ese diálogo que reclama. Califica, eso sí, de “frustrante” y de “retórica blanda” la respuesta del Gobierno.

Precisamente, el otro periódico capitalino de cobertura nacional, El Tiempo, llama la atención sobre eso, al calificar de “paso en la decisión correcta” la decisión del presidente Duque de comenzar una gran conversación nacional en respuesta a las expresiones pacíficas de inconformidad.

Sin embargo, llama la atención en su editorial sobre el hecho de que, a diferencia de otras jornadas de protesta, la que derivó del ‘21N’ no tiene un liderazgo claro ni reivindicaciones puntuales. “Es evidente que el sonido de los utensilios de cocina expresa inconformismo, inconformismo válido, pero es una manifestación que no va acompañada de una narrativa que pueda ser llevada a un escenario de diálogo para, a partir de esta, iniciar la búsqueda de consensos”.

Por eso califica de “vital” que el Gobierno pueda hacer “la lectura más precisa y aguda posible de lo que mueve a los protestantes para poder alcanzar puntos de encuentro”.

“Es el momento para que el Presidente ejerza un liderazgo claro que consiga unir al país en torno a la tarea de revisar con serenidad lo logrado hasta ahora como sociedad –que no es poco y que de ninguna manera puede demeritarse– para encontrar la forma de hacer los ajustes que sean necesarios, en aras de alcanzar un mejor nivel de vida para más colombianos”, sostiene El Tiempo.

El País, de Cali, también ve en el llamado de Duque a un diálogo nacional un “primer paso”, pero subraya que concretarlo es lo que debe seguir, “sobre la base de tratar de conformar una representación que abarque todos los aspectos de la protesta y sea capaz de llevar a cabo los cambios que se requieran para atender el clamor de la sociedad”.

No obstante, reclama que ese diálogo no puede ser tomado por “los voceros de los partidos para continuar y profundizar las diferencias partidistas de la política nacional. Es ante todo la oportunidad para que la dirigencia pública y privada escuche a la sociedad y tome las decisiones necesarias para ordenar el rumbo del Estado hacia la solución de los problemas que afectan a los ciudadanos y el cumplimiento de los deberes que le corresponden a todas las ramas del Estado”.

A ese diálogo le da otro valor El Heraldo, al considerarlo “el mejor modo que tiene el Gobierno de probar que no estamos ante una ‘doctrina del shock’ –término acuñado por Naomi Klein para describir el uso del pánico como estrategia para atemorizar a la sociedad e imponer agendas políticas y económicas–”.

“El presidente Duque, al menos en sus discursos, parece haberlo entendido así, al reconocer como una expresión de la sociedad las marchas del jueves y convocar un gran diálogo nacional”, agrega el diario barranquillero. “El enrarecimiento del clima social  y político no debería apartarlo de ese objetivo”.

Y de “adecuada respuesta” califica, por su parte, El Colombiano el diálogo nacional convocado por Duque, aunque “sea preliminar”. Pero también suma otra perspectiva que invita a la reflexión sobre un punto que “parece estar siendo dejado de lado”, relacionado con el mandato político que recibió el presidente y cuál es su compromiso de cumplimiento.

“O dicho en otras palabras, de si el mandato político que habrá de ejecutar el presidente Duque y su Gobierno es el validado en las urnas en junio de 2018, con más de diez millones de votos, o es el reivindicativo de múltiples sectores en marchas y cacerolazos que, por vistosos que sean, no tienen la esencia del mandato político —sí de hecho político, reiteramos—”, plantea El Colombiano. “Los diez millones trescientos mil que eligieron a Iván Duque fueron escrutados uno a uno. Allí está designado el programa gubernamental al que el presidente juró cumplimiento”.