Y es que en el caso colombiano resulta paradójico que por un lado se esté promoviendo la normalización cuando se siguen batiendo récords de infectados y muertos. En ese proceso, la situación podría terminar siendo parecida a la del país europeo, donde la población parece haber perdido el miedo a la pandemia y hace caso omiso de las precauciones.

“No podemos descartar una nueva ola de contagios en octubre”, advirtió Massimo Galli, uno de los mayores expertos en Italia de enfermedades infecciosas, responsable del Hospital Sacco de Milán. En una entrevista al diario La Repubblica, el médico considera que es “demasiado pronto” para abandonar las marcarillas quirúrgicas pese a que la curva de la epidemia en Italia se mantiene baja y son pocas las personas internadas con crisis respiratorias.

“El COVID-19 circula aún entre nosotros, no hay que bajar el nivel de atención, las reuniones y fiestas de estos días son una bofetada a los médicos y a los familiares de las más de 34.000 víctimas”, comentó por su parte el ministro para los Asuntos Regionales, Francesco Boccia.

Los aperitivos en las plazas, las playas y restaurantes llenas de gente que no respeta la distancia entre clientes, así como los bares atiborrados de jóvenes dan la sensación de que parte de la población ha olvidado que han muerto miles de personas. La mayoría de estos casos ya comienzan a verse en Colombia.

La ansiedad que provocaba el confinamiento, la amenaza de una enfermedad que ocupó por tres meses gran parte de la propia vida, junto con el resumen de las estadísticas aterradoras, los consejos prácticos y el humor negro, es visto como algo que ya pasó. Sin embargo, el lunes se informó de 23 muertes, una menos que el día anterior, la menor cifra desde el 2 de marzo. El número acumulado de decesos llegó a 34.657 y se contabilizaron 221 contagios, para un total de 238.720.

La caída en la venta de mascarillas es una de las señales más evidentes de ese fenómeno. Con respecto al pico de la epidemia, ha disminuido a menos de la mitad, según la Federación de Farmacéuticos y la obligación de usarla en todo lugar público, vigente en algunas regiones, será levantada a fin de mes. “Es una decisión prematura”, sostiene Galli.

En la llamada “fase 3”, durante la cual las autoridades han decidido encarar la emergencia social y económica, Italia ha bajado la guardia, resume el profesor Franco Locatelli, presidente de Consejo Superior de Salud. “No hay que perder de vista la situación global. De vez en cuando registramos brotes en Italia. No hemos salido del túnel”, explicó el experto tras recordar que en países como Brasil e India la pandemia sigue acelerándose.

Dos brotes en Roma, entre las ciudades menos afectadas con respecto a Milán, la capital de Lombardía, donde se registraron cerca de la mitad de los decesos de todo el país, dispararon las alarmas. “Hay que ser prudentes hasta que encontremos la vacuna”, aconsejó Locatelli, miembro del equipo de científicos que asesora al gobierno, en una entrevista al diario Il Corriere della Sera. “Italia ha hecho un gran esfuerzo y ha logrado resultados extraordinarios”, reconoció, “pero no los destruyamos con conductas poco responsables, como la ‘movida'”, dijo.

Para los expertos, sólo la prevención evitará una nueva ola, por lo que insisten en el lavado de manos y el uso de mascarilla para la población sin desatar pánico ni paranoia. Algo que en Colombia se sigue contemplando, pero que contrasta con la relativa tranquilidad y escaso distanciamiento que se aprecia en algunas calles.