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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 2, 2026 - 7:25 pm
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Reino Unido empezará en los primeros meses de este nuevo año un estudio en el a que niños, tan jóvenes como 10 años, se les darán bloqueadores de pubertad como parte de una investigación para entender cómo tratar la disforia de género en menores de edad. 

El estudio, que ha sido llamado ‘Pathways’, estará a cargo de la prestigiosa universidad King’s College London, reclutará más de 200 niños y niñas que se identifiquen como transgénero y que tengan la autorización de sus padres para hacer parte de esta investigación, que será financiada por el sistema de salud público británico, (NHS), por sus siglas en inglés, con un costo de más de 14 millones de dólares.

Sin embargo, expertos consultados por France24 coinciden en que los efectos para salud de los menores, no solo física sino también mental, pueden ser más perjudiciales que los beneficios, por lo que proponen que tengan acompañamiento psicológico mientras pasan por la pubertad y que, en vez de iniciar una nueva investigación, se acceda a los datos de los jóvenes que ya están tomando este tipo de medicamentos.

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En 2024, el gobierno británico prohibió indefinidamente el uso de estos medicamentos para tratar la disforia de género porque “presentan un riesgo inaceptable para la seguridad de niños y jóvenes”, tal como lo señaló en su momento el secretario de Salud, Wes Streeting.

Pese a ello, el reporte (2024) de la ex presidenta del Colegio de Pediatras, Hilary Cass, quien también cuestionó la “evidencia notablemente débil” de esos medicamentos, sugirió una investigación para entender el impacto de estos, pero no detalló cómo.

¿Qué es disforia o incongruencia de género?

La definición oficial del NHS indica que se trata de “un término que describe la sensación de malestar que una persona puede experimentar debido a una discrepancia entre su sexo biológico y su identidad de género”.

“Para un diagnóstico de disforia de género, el joven tiene que experimentar angustia en relación con el género y desear cambiar su cuerpo”, explica la psicóloga Anna Hutchinson.

¿Qué es la pubertad?

A la luz de la ciencia, es el proceso natural que se caracteriza por el registro de cambios corporales y mentales, que se desarrollan  en el cerebro y en las distintas partes del cuerpo. 

En las niñas, la evidencia médica apunta a que la edad promedio de inicio es a los 11 años, aunque puede comenzar entre los 8 y los 13 años. Mientras que en los niños este proceso se da mayormente entre los 9 y los 14 años.

“La pubertad se desencadena cuando en la región cerebral del hipotálamo inicia una cascada hormonal que provoca que los ovarios y los testículos produzcan estrógeno y testosterona, respectivamente”, afirma el estudio Cass. 

“En los niños, durante la pubertad, bajo la influencia de la testosterona, los genitales, los testículos y el pene aumentan de tamaño. Desarrollan más músculos, sus huesos y estructura esquelética cambian, con hombros más anchos, comienza a crecer vello facial y la voz se vuelve más grave. En las niñas, bajo la influencia del estrógeno, se desarrollan los órganos reproductivos y los senos, y se producen cambios en la estructura esquelética y la distribución de la grasa corporal”, explica la médica Louise Irvine.

¿Qué son los bloqueadores de pubertad?

Son medicamentos que actúan sobre la glándula pituitaria en el cerebro para impedir que produzcan hormonas importantes y que, a su vez, afectan los ovarios y los testículos que producen estrógeno y testosterona.

La razón por la que estos medicamentos resultan tan controversiales recae en que faltan evidencias contundentes sobre su eficacia. Es decir, no se sabe mucho más que logran su objetivo de bloquear la pubertad, aunque sus implicaciones podrían ser complejas para la salud de los menores.

¿Para qué se usan?

Inicialmente, para tratar casos “raros” de desarrollo o pubertad prematura de niños pequeños, en edades que rondan los tres años, que toman estos medicamentos hasta que llegan a la edad en la que normalmente vivirían la pubertad.  

Actualmente, se prescriben para detener la pubertad y darles a los jóvenes que tienen dudas sobre su identidad sexual, más tiempo.

“La diferencia radica en que los niños con pubertad precoz padecen una afección, una anomalía que podría ser perjudicial. En esos casos, los beneficios de usar bloqueadores superan los riesgos. En cambio, los niños mayores con disforia de género gozan de buena salud física. No hay ningún problema con su sistema endocrino ni con sus cuerpos. Ningún beneficio supera los riesgos de los bloqueadores de la pubertad, ya que no existe un beneficio claro en su uso, y existen riesgos para el desarrollo óseo, el desarrollo cerebral y cognitivo”, sostiene Irvine.

¿Qué compone la investigación británica?

Se reclutarán niñas desde los 10 años y niños desde 11 años hasta un máximo de 15 años y 11 meses, a los que se les suministrarán los medicamentos por un plazo máximo dos años y serán monitoreados hasta el inicio de su adultez.

A otro grupo, se le empezarán a administrar estos medicamentos con un año de diferencia del primer grupo. Se les realizarán escáneres cerebrales y se monitoreará su calidad de vida, salud física y mental y se comparará con menores que no toman estos medicamentos.  

Se evaluarán tres grandes riesgos: fortaleza ósea, fertilidad y desarrollo y función cerebral. Las primeras conclusiones se entregarán luego de cuatro años.

¿Cuáles son las principales preocupaciones de los expertos sobre este estudio?

Se centran en los perjuicios para la salud de los menores que pueden impactar su vida adulta, porque no habría desarrollo óseo e infertilidad y porque “el ensayo no evaluará la diferencia entre recibir o no bloqueadores de la pubertad y, por lo tanto, no proporcionará información más útil que la de investigaciones previas. Es poco ético poner en riesgo a los niños sin obtener ningún beneficio en términos de un mejor conocimiento sobre la mejor manera de ayudarlos”, afirma Irvine.

“Las investigaciones con bloqueadores de la pubertad en ovejas adolescentes muestran cambios cerebrales permanentes y efectos adversos en la función cerebral. Las ovejas pierden la capacidad de orientarse en laberintos. Pierden la percepción espacial y no la recuperan ni siquiera al suspender los bloqueadores de la pubertad”, resalta Irvine.

En este contexto, la psicóloga Hutchinson, quien trabaja atendiendo menores que tienen dudas sobre su sexualidad, se pregunta si no sería “menos riesgoso” que se usaran los datos ya disponibles de los menores que ya han tomado estos medicamentos, pero no han sido suministrados por los centros médicos.

“Si Cass recomienda una evaluación completa y una intervención psicosocial, me gustaría que se destinaran fondos y esfuerzos equivalentes a ese aspecto. En segundo lugar, dijo que ningún médico puede identificar qué joven se identificará como trans de por vida y cuál no, lo que significa que reclutar participantes para cualquier ensayo con bloqueadores de la pubertad va a ser difícil, porque ¿cómo se selecciona a los participantes adecuados?”, resalta Hutchinson.

Mientras que el reporte Cass resalta que “la justificación de la supresión de la pubertad sigue siendo incierta, con escasa evidencia sobre su impacto en la disforia de género y la salud mental o psicosocial. Se desconoce su efecto en el desarrollo cognitivo y psicosexual”.

Chay Brown, director de salud de TransActual, organización que trabaja con personas trans adultas, afirma que “esto contradice todas las garantías previas. Me sorprende que este ensayo haya recibido la aprobación ética. Algún día se plantearán preguntas difíciles a quienes han dado a este ensayo la fachada de la aprobación ética”.

Agrega que “si bien nos alegra que algunos jóvenes puedan acceder a la atención que necesitan sin ser criminalizados, tememos que, en general, estas sean malas noticias para las personas trans jóvenes en el Reino Unido”.

Un asunto urgente

El reporte de la doctora Hillary Cass recomendó un tratamiento holístico que fuera más allá del uso de los bloqueadores de pubertad para los menores de 16 años que tienen dudas sobre su identidad sexual.

Este es un asunto urgente. En el 2024, aproximadamente 5.700 menores, un 75% niñas, estaban en la lista de espera para un tratamiento inicial con en el NHS, cuya primera cita puede darse en años, por el tamaño de la demanda y la falta de infraestructura médica, ya que solo hay dos centros médicos especializados a nivel nacional, lo que aumenta la presión para los menores y sus familias.

“Estudios previos muestran que alrededor del 80% de los niños ya no experimentan disforia una vez que han pasado la pubertad. No se sabe si este es el caso con los cambios más recientes en la demografía de los pacientes que acuden a las clínicas de género, compuesta principalmente por niñas adolescentes con disforia de aparición reciente y con problemas de salud mental y sociales complejos. Necesitamos comprender mejor a este grupo y las causas y razones de este cambio demográfico antes de someter a los niños a intervenciones potencialmente dañinas”, indicó a France24 la médica Louise Irvine.

La polémica por el anuncio de esta investigación sigue creciendo, mientras diferentes organizaciones han anunciado acciones legales para frenarla.

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