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Durante años, Jesús pensó que podría morir en las calles de Caracas. Cada vez que se unía a una manifestación, llamaba a su familia con anticipación. “No sabía si volvería”, afirma. “Cada protesta era como una despedida”. Ahora, con 29 años, vive en Francia, donde obtuvo asilo político.
Este arquitecto describe que su vida en Venezuela estaba marcada por el miedo y la violencia. “Vi a ancianos golpeados. Vi morir a amigos. Casi todos se han ido del país”, sostiene.
Cuando supo que el presidente venezolano, Nicolás Maduro, había sido capturado por las fuerzas estadounidenses, Jesús quedó atónito. Como millones de venezolanos en el exilio, nunca creyó realmente que ese momento llegaría, y menos de esa manera. “No me siento del todo cómodo con esto, sobre todo desde el punto de vista legal –asegura–. Pero dada la realidad de Venezuela, había pocas alternativas”.
“El principio del fin”
Para otros, el alivio superó cualquier duda. María*, venezolana residente en Reino Unido desde hace casi 30 años, declaró a Los Observadores que desde hace tiempo se ha opuesto firmemente a Maduro. Para ella, su captura marcó un punto de inflexión largamente esperado.
“Sé que no todo ha terminado”, remarca. “Esto no significa que seamos libres todavía: el chavismo sigue en el poder. Pero este es el principio del fin”.
Según la mujer, quienes se oponen al arresto de Maduro son principalmente personas que se beneficiaron del régimen o “ideólogos que se niegan a ver el daño causado al país en los últimos 25 años”.
Cree que una transición liderada por Estados Unidos podría ayudar a estabilizar la maltrecha economía venezolana, algo que, en su opinión, no ha sucedido en más de dos décadas. “Hoy no tenemos a nadie confiable ni capaz de gobernar el país –subraya–. Estados Unidos reconoció que hay un vacío político. Una transición llevará tiempo, porque la corrupción es enorme, tanto dentro del régimen como en sectores de la oposición”.
Ella afirma que consideraría regresar a Venezuela con su esposo algún día para “ayudar a reconstruir” el país, donde aún tiene familia.
Celebraciones en el extranjero, miedo en casa
En Bogotá, Colombia, hogar de una de las diásporas venezolanas más grandes del mundo, Derwin observó escenas de algarabía: “La gente salió a celebrar. No vi a nadie apoyando a Maduro”. Agrega que las expresiones de apoyo a Maduro en línea lo dejan perplejo. “No entiendo cómo es posible. Estas son las personas que destruyeron Venezuela”, asevera.
Sin embargo, varios refugiados enfatizaron que tales celebraciones se limitan en gran medida a quienes están fuera del país. “Mi gente todavía no puede celebrar”, explica Edgarlys Castañeda, venezolana de 27 años residente en Nueva York.
Activista opositora, huyó de Venezuela tras recibir amenazas por su compromiso político y pasó varios meses detenida por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en El Paso, Texas. Fue liberada mediante hábeas corpus y ahora vive bajo vigilancia electrónica en Nueva York.
Edgarlys enfatiza que el control del régimen sobre el poder sigue siendo fuerte, destacando las nuevas leyes que penalizan compartir contenido percibido como favorable a la captura de Maduro. “Solo unos pocos presos políticos han sido liberados. Muchos siguen en la cárcel. La situación en Venezuela no ha cambiado mucho; incluso podría ser más peligrosa ahora”, advierte.
“Lo intentamos todo”
Para muchos exiliados, el apoyo a la intervención estadounidense se explica tras años de intentos fallidos de lograr un cambio mediante protestas y elecciones. Juan José Cárdenas López, oceanógrafo venezolano residente en España, abandonó el país en 2024, en gran medida por la falta de trabajo. Consideraba inevitable la destitución de Maduro
“Maduro es el líder de un sistema criminal que llevó a nuestro país al desastre”, declara, citando la represión, las restricciones a la libertad de expresión, las acusaciones de fraude electoral y los señalamientos de narcotráfico.
“Ante la inacción de la justicia internacional y los organismos multilaterales, la intervención de una fuerza superior era la única opción que quedaba”, justifica.
Cárdenas López cree que Venezuela enfrenta ahora una larga transición que requerirá apoyo internacional, en particular de Europa. Si bien reconoce que Washington actuó en consonancia con sus intereses geopolíticos y económicos, afirma que esto no invalida el resultado.
“Esto ya ha sucedido antes –añade–. El desarrollo económico anterior de Venezuela estuvo vinculado en gran medida a la industria estadounidense. No veo otra opción realista si el país quiere recuperarse a corto plazo y que la población se beneficie”.
“Es solo el comienzo”
En Lyon, Samantha, de 20 años, cuya familia huyó de Venezuela en 2021 y posteriormente obtuvo asilo político en Francia, recordó la noche en que se supo la noticia.
“Mi madre me despertó, todos estábamos despiertos esa noche –detalla–. Cuando nos dimos cuenta de que habían capturado a Maduro, lloramos, bailamos e incluso abrimos una botella de sangría”.
La alegría inicial pronto se vio atenuada por la ansiedad. “Tenemos esperanza, pero no sabemos qué pasará después –reflexiona–. Trump tiene sus intereses, por supuesto. Pero después de tantas muertes e intentos fallidos, estábamos desesperados por salir de esta situación”.
Esa ambivalencia se refleja en opositores ahora en el exilio. Zeneida González, de 49 años, activista política de toda la vida del partido Vente Venezuela, huyó del país en 2019 y ahora vive cerca de París. Explica que la vigilancia constante, las amenazas y la violencia eran una realidad cotidiana para los opositores al régimen. “Todos en Venezuela conocen a alguien que fue torturado. Tengo amigos a quienes les dispararon en la cabeza solo por protestar”, sentencia.
Insiste en que las recientes liberaciones de presos políticos, aunque limitadas, no habrían ocurrido sin la presión estadounidense. “La gente habla de petróleo –concluye–. Nosotros hablamos de los muertos”.
Para otros, la captura de Maduro es solo el comienzo de un largo camino. Thanya Faverial, exfuncionaria venezolana que ahora trabaja como gerente de proyectos de datos en Francia, recuerda haber presenciado la corrupción y el narcotráfico en empresas estatales, además de una escasez tan grave que le costó encontrar leche para su hijo pequeño.
“Ver esas fotos de Maduro en ese avión me pareció una película de Hollywood. Lloré de alegría y de miedo a volver a decepcionarme” afirma.
Cree que la caída del mandatario chavista marca una ruptura, pero no una resolución. “Esta es una fractura en la dictadura –enfatiza–. Pero todavía hay gente incluso peor que Maduro en el gobierno”.
*Su nombre ha sido modificado a petición suya
* Pulzo.com se escribe con Z
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