De acuerdo con el diario The Economist, los gobiernos de Francia, Suecia, Polonia, Italia y Alemania se han contactado con las autoridades de Tallin para que cuenten cómo ha sido esta experiencia.

La idea del transporte gratuito llegó después de la crisis económica que sufrió Estonia en 2008, y aunque en un primer momento tuvo muchos detractores que pensaban que no iba a funcionar por la pérdida de ese dinero de los boletos, ahora los buses llegan a tiempo, los tranvías son brillantes y nuevos, y los pasajeros generalmente toman asiento, explica el mismo diario.

Los críticos de ese momento decían que el sistema se iba a saturar y no contaría con los fondos suficientes para su normal funcionamiento. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. El transporte público mejoró a pesar de dejar de recibir 12 millones de euros por la venta de pasajes, detalla el rotativo inglés.

Entre los aspectos que ayudaron que no fuera un fracaso está en que la población de Tallin ha crecido, lo que significa que hay más personas pagando impuestos, que se invierten en ese servicio. Además, otros ingresos llegan por parte de los turistas y los no residentes de la capital estonio que sí tienen que pagar el boleto, indica The Economist.

El uso del transporte público en Tallin ha aumentado un 10 %, mientras que el número de carros en el centro de la ciudad ha disminuido el mismo porcentaje, lo que significa menos congestión, tema que quiere seguir reduciendo el gobierno de Estonia.

Por ello, el transporte gratuito se sigue expandiendo por todo el país, mientras los precios de estacionamiento, principalmente en los centros de las ciudades, se han aumentado, finaliza el diario británico.