RFI (Radio France Internationale) - radio francesa de actualidad, difundida a escala mundial en francés y en 15 idiomas más*, mediante 156 repetidores de FM en ondas medias y cortas en una treintena de satélites a destino de los cinco continentes, en Internet y en aplicaciones conectadas, que cuenta con más de 2.000 radios asociadas que emiten sus progra...
Con Clea Broadhurst, corresponsal de RFI en Pekín
Es una paradoja geopolítica. Con subidas de aranceles, amenazas comerciales y golpes diplomáticos, Donald Trump pensaba obligar a China a ceder. Pero Pekín, por el contrario, consolida sus posiciones, especialmente en el plano económico y tecnológico. China representa ahora más de un tercio de la producción manufacturera mundial. Domina amplios segmentos de las cadenas de suministro estratégicas, desde los paneles solares hasta las turbinas eólicas, pasando por los vehículos eléctricos.
En inteligencia artificial, investigación científica y explotación de minerales estratégicos, cuenta con poderosos instrumentos de influencia. Las restricciones impuestas a las exportaciones de tierras raras demuestran que este dominio puede convertirse en un arma geoeconómica.
Trump debilita al bando occidental
Privada de ciertas tecnologías occidentales, China acelera el desarrollo de sus propias industrias. Bajo presión comercial, diversifica sus alianzas hacia Asia, África y América Latina. Puertos en Pakistán, minas en la República Democrática del Congo, litio en Chile: Pekín se convierte en un actor imprescindible en el Sur global.
Al mismo tiempo, Donald Trump debilita el bando occidental. Al atacar a sus aliados europeos y asiáticos, debilita las coaliciones capaces de contener a Pekín. Al recortar la financiación de la investigación y endurecer su política migratoria, provoca una fuga de cerebros. China, por su parte, invierte masivamente para atraerlos. Donald Trump pensaba frenar a Pekín, pero sobre todo ha acelerado su ascenso.
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