Sasson escribió “con  lágrimas”, en El Espectador, que cerraría el restaurante Balzac por la crisis, que además, dice él, le ha traído complicaciones para llegar a acuerdos con los propietarios de los locales.

“Cerrar un restaurante es muy doloroso. No solo porque implica despedir a empleados y perder dinero, sino también porque en las cocinas se desarrolla el amor por la comida, la pasión por servir. Se va un restaurante y se pierden sus recetas, sus platos, su puesta en escena”, escribió el reconocido chef.

Ante la complicada situación, que también ha obligado el cierre de legendarios restaurantes como el de la Puerta Falsa, (en el centro de Bogotá), Sasson dijo que seguro “vendrán más” casos como este.

El chef se despidió de la cocina en la que sirvió por más de 20 años, recordando los platos más famosos que eran apetecidos por los comensales: la sopa de cebolla, las ostras Rockefeller, el paté con mermelada de cebollas al Oporto, entre otros.

Finalmente le agradeció al personal que, por años, lo acompañó en ese recorrido, y espera poder recuperarse pronto.

Hace un mes, Sasson ya había hablado, en Semana, de la crítica situación por la que pasaba su negocio. Con los domicilios solo llegaba al 15 % de lo que vendía antes de la emergencia, contó.

El cocinero tenía 7 restaurantes de los que solo estaban funcionando 3, narró al medio, aún así todavía no había despedido a personal y estaba intentando mantener los trabajos. No obstante, la situación se volvió insostenible.

Este viernes, escribió en el periódico, Sasson visitó “por última vez” el local de su restaurante Balzac.