Por: El Colombiano

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Este artículo fue curado por pulzo   Feb 20, 2026 - 6:04 pm
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El reciente incidente protagonizado por Vinicius Jr. en un partido entre el Real Madrid y el Benfica ha revivido un debate central para el fútbol europeo: el racismo y la creciente polarización que genera dentro y fuera del terreno de juego. Un elemento especialmente relevante tras el episodio ha sido la intervención de Vincent Kompany, exdefensor belga y actual entrenador, quien ofreció un análisis poco habitual por su profundidad y su doble mirada humana y estructural sobre el problema. De acuerdo con Kompany, la complejidad del racismo en el fútbol puede entenderse a partir de tres escenarios: lo que ocurre en el campo, lo que se vive en las gradas y el discurso que sigue en el espacio público.

En primera instancia, Kompany rechaza la idea de que Vinicius Jr. haya fingido su reacción ante los insultos. Según el entrenador, ningún jugador se sometería voluntariamente a una presión pública tan intensa si no estuviera convencido de la gravedad del asunto. Destaca, además, la corroboración del delantero francés Kylian Mbappé, quien presenció los hechos y ratificó la denuncia del brasileño, dotando de aún mayor verosimilitud al reclamo. Sin embargo, la negativa del jugador rival a aceptar lo ocurrido complica cualquier posible sanción y vuelve ambiguas las fronteras entre la evidencia y la percepción.

El análisis de Kompany trasciende el plano individual. Advierte que el factor realmente alarmante es la participación de sectores del público, evidenciada en videos donde se observan gestos y cánticos racistas desde las tribunas. Esta dimensión colectiva transforma episodios individuales en síntomas de un problema sistémico. Identificar responsables en medio de la masa resulta casi imposible, lo que dificulta la erradicación de la discriminación.

El ex capitán del Manchester City no reduce la problemática al intercambio entre futbolistas, sino que la sitúa en la manera en que el discurso se prolonga después del partido. Kompany critica especialmente el papel de figuras influyentes como José Mourinho, quien centró sus declaraciones en el comportamiento y las celebraciones de Vinicius, desvirtuando el foco del debate. Para el belga, quienes lideran el fútbol tienen la obligación ética de proteger a los jugadores y encauzar la conversación sobre valores fundamentales.

Uno de los argumentos más cuestionados en el debate público fue la alusión de Mourinho a Eusébio, la leyenda negra del Benfica. Kompany desmantela esa defensa señalando que los futbolistas afrodescendientes de décadas pasadas no contaban con la posibilidad de denunciar injusticias y estaban relegados a soportar el silencio si deseaban sobrevivir deportiva y socialmente. Usar el prestigio histórico de figuras como Eusébio como escudo ante acusaciones presentes, en opinión del entrenador belga, equivale a ignorar la evolución social y el costo humano que implicó esa época.

Para Kompany, existe además una profunda desigualdad en el acceso a mecanismos de defensa dentro del fútbol europeo. Mientras figuras de renombre internacional —como Vinicius Jr.— pueden contar con el respaldo de los medios y las instituciones, otros jugadores en ligas menos visibles quedan desprotegidos ante hechos similares. Esta brecha es, para el técnico, tan preocupante como la propia agresión.

Lejos de un discurso exclusivamente punitivo, Kompany propone la posibilidad del perdón y la reconstrucción de puentes. Defiende que la sanción no debería impedir el arrepentimiento y la reinserción, aunque advierte que la polarización suele reducir los debates a posiciones antagónicas, sin espacio para la reparación ni el matiz.

El valor del testimonio del entrenador se potencia al recordar ejemplos personales y ajenos de racismo en el fútbol, mencionando casos que incluyen a Samuel Eto’o y Patrick Vieira. Kompany subraya que cada agresión genera exclusión y pérdida de oportunidades, hiriendo el tejido social del deporte y dificultando la construcción colectiva. En este contexto, el técnico insiste en que la verdadera victoria del fútbol reside en su capacidad para defender la dignidad, más allá de los números o los títulos.

¿Cómo puede el fútbol europeo avanzar hacia una cultura donde las denuncias de racismo sean escuchadas y procesadas de forma justa y efectiva?

Esta pregunta cobra especial relevancia dado el desequilibrio en el acceso a mecanismos institucionales de defensa entre los jugadores de élite y quienes juegan en ligas con menor visibilidad. El fútbol ha sido históricamente un espacio tanto de integración como de discriminación y, según lo expuesto en el análisis de Vincent Kompany, es fundamental que las estructuras deportivas adapten sus protocolos para garantizar entornos inclusivos.

Fortalecer la credibilidad institucional no solo implica castigar a los culpables, sino también apostar por la educación y por liderazgos capaces de transformar el ejemplo y abrir canales efectivos para la reconciliación y el respeto mutuo. Tal reforma, sugiere el debate, es esencial para que el fútbol europeo pueda honrar su papel como uno de los mayores escenarios de diversidad y convivencia social.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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