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La alimentación de perros y gatos domésticos evidencia notables diferencias, perceptibles para cualquier persona que conviva con ambas especies. Los caninos tienden a consumir grandes cantidades de comida tan pronto como tienen acceso a ella; en contraste, los gatos distribuyen su ingesta en pequeñas raciones a lo largo del día. Según un artículo publicado en la revista Physiology & Behavior, estos hábitos alimenticios tan distintos se explican por los antecedentes evolutivos de cada uno: mientras los perros heredaron patrones de su ancestro el lobo (Canis lupus), los gatos reflejan el comportamiento del gato montés africano (Felis silvestris lybica), un cazador de presas pequeñas.
Sin embargo, el equipo de investigación dirigido por Takumi Takahashi, de la Universidad de Iwate en Japón, plantea que aún existen numerosas incógnitas ante el curiosamente selectivo comportamiento alimenticio de los gatos. Si bien la saciedad es un factor importante, el estudio indica que intervienen elementos adicionales, como la demanda de energía, la regulación de glucosa y la retroalimentación a nivel gastrointestinal. Además, el olfato ocupa un lugar central en este fenómeno, algo que los investigadores consideraron clave al analizar por qué los gatos pueden perder interés rápidamente en su comida.
Para abordar esta cuestión, los científicos realizaron un experimento controlado con doce gatos domésticos sanos, de diversos rangos etarios. Luego de someterlos a un ayuno nocturno, los gatos recibieron seis platos consecutivos de comida, distanciados entre sí por diez minutos. Se observó que, cuando el alimento era siempre el mismo, el consumo disminuía progresivamente. No obstante, al introducir un cambio en el tipo de alimento, o incluso en su olor, el apetito de los gatos se reactivaba, aunque el nuevo plato no necesariamente resultara más sabroso.
Los resultados sugieren que la habituación olfativa —la exposición prolongada a un mismo olor alimenticio— reduce de manera significativa la motivación de los gatos para alimentarse, una reacción que no se observa en perros bajo contextos similares. Esta característica convierte al olfato en un factor de enorme peso en la dieta felina y puede tener aplicaciones prácticas tanto para fomentar como para restringir el consumo de alimento, especialmente en periodos de recuperación médica. La presencia de la novedad sensorial, es decir, la introducción de aromas nuevos, logra contrarrestar esa pérdida de interés y potenciar el acto de comer incluso en animales que habían estado en ayunas.
La investigación, respaldada por el Comité de Investigación Animal de la Universidad de Iwate, indica que la preferencia de los gatos por la variación olfativa está profundamente arraigada en circuitos cerebrales relacionados con el premio y la alimentación, aunque esta hipótesis necesita de estudios futuros para comprender mejor los mecanismos neurológicos en juego. Lo cierto, hasta el momento, es que el “aburrimiento” ante el mismo olor alimenticio actúa como un mecanismo natural de autorregulación para los gatos, quienes a diferencia de los perros, demuestran una fuerte sensibilidad a la novedad sensorial.
¿Es posible entrenar a los gatos para que acepten un mismo alimento sin perder el interés?
La inquietud sobre si se puede lograr que los gatos sostengan su apetito frente al mismo tipo de comida durante períodos prolongados surge directamente de los desafíos que enfrentan quienes deben administrar dietas estandarizadas, como en casos de tratamientos veterinarios o restricciones alimenticias. La investigación liderada por Takumi Takahashi apunta a que la habituación al mismo olor alimenticio conlleva inevitablemente a una disminución de la motivación para comer, incluso tras un ayuno.
Esto implica una dificultad intrínseca para el entrenamiento dirigido a mantener el interés del gato en un solo alimento, ya que la pérdida de apetito está ligada a la sensibilidad olfativa y a circuitos neuronales especializados en detectar la novedad. Por ello, para tutores responsables y profesionales veterinarios, la estrategia más efectiva sería alternar olores y presentaciones dentro de los límites permitidos por la dieta, más que forzar la aceptación de un solo alimento por tiempo indefinido.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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