La primera es que se trata de un hombre de 36 años de edad, con lo cual se sigue confirmando la idea de que el coronavirus no solo ataca a la población de mayor edad. Y la segunda, que ha sido relegada a un tercer plano en las noticias que han ofrecido las autoridades, es que el caso de este joven se habría complicado debido a que “tenía enfermedades de base como hipertensión, obesidad y tabaquismo“, según la Secretaría de Salud de Cali.

Esta es la primera vez que, al menos en Colombia, en el parte de una muerte por coronavirus, se menciona a esa vieja conocida de la humanidad que se asocia como causante o acompañante de graves enfermedades y decesos: la obesidad.

En México, por ejemplo, país que ha tomado medidas tardías por la irresponsable actitud de su presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que invitó a sus compatriotas a salir a centros comerciales y expuso como sus guardaespaldas unos amuletos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó la predicción de enfermos graves de un 5% a un 7% por una sola razón: el sobrepeso y la obesidad, informa El País, de España.

“El 74,9% de la población lo padece [el sobrepeso] de forma crónica y 230.000 mexicanos aproximadamente mueren cada año por dolencias estrechamente asociadas a ello”, detalla el diario madrileño, y agrega una explicación pertinente: “Cuando se convive con la obesidad, el funcionamiento del cuerpo humano deja un margen al virus más amplio. Y más letal. A decir de los médicos, la covid-19 encuentra en estas circunstancias la tormenta perfecta, como ya evidencian las estadísticas. México es el segundo país del mundo en índice de obesidad, también infantil, y va a sufrir esta crisis más intensamente. El primero en la lista es Estados Unidos. Cuando todo acabe, es probable que la edad media de las defunciones en ambos Estados sea más joven que en otras partes”.

¿Pero cómo ayuda la obesidad al coronavirus? La aclaración de El País es simple pero contundente: “La obesidad es una inflamación de baja intensidad, pero crónica, de los tejidos. Cuando se presenta otra inflamación, el organismo tiene que luchar contra dos frentes. Además, al infectar al pulmón, el coronavirus se adhiere a la enzima que se encarga del buen funcionamiento de la presión arterial y de fabricar angiotensina, algo fatal porque el cuerpo de los obesos necesita más angiotensina para su bienestar”.

Pero agrega otro factor de carácter puramente físico. “Las grasas que rodean el abdomen ejercen una presión similar a la de un corsé sobre la caja torácica, lo que impiden al pulmón moverse con soltura. De todo ello puede inferirse que la obesidad está detrás de la mayoría de las causas que se han definido de alto riesgo en la crisis del coronavirus: cardiovasculares, respiratorias, hipertensión o diabetes”.

¿Y cómo la obesidad afecta la elasticidad y el movimiento de las arterias, lo que condiciona la hipertensión? José Roberto Barrientos Ávalos, profesor titular de la especialidad de Endocrinología del Hospital Civil de Guadalajara no lo puede hacer más grafico en su explicación a El País. “Un corazón programado para 70 kilos tendrá que bombear sangre para 90. El corazón batalla contra su árbol arterial y el cerebro acaba sufriendo ese exceso de presión”.

La juventud amenazada

Ya las autoridades sanitarias estadounidenses han alertado en un informe que si bien las muertes por COVID-19 son excepcionales entre los jóvenes, “las formas graves de la enfermedad que llevan a una hospitalización e incluso a la muerte pueden producirse entre los adultos de cualquier edad”.

El perfil tipo del enfermo del coronavirus “no ha variado”. Se trata sobre todo de una “persona mayor con enfermedades preexistentes”, explicó el doctor francés Bruno Riou, tras el anuncio la víspera de la muerte de una joven de 16 años en un hospital de París, que se sumó a la de un adolescente en California (Estados Unidos) esta semana.

Pero “a partir del momento en que hay cada vez más pacientes afectados, hay más pacientes graves (…) y naturalmente tendremos algunos pacientes en estado muy grave entre los más jóvenes”, dijo Riou, director médico de la crisis en la red de hospitales AP-HP.

En Estados Unidos, los adultos entre 20-44 años representaban un 29 % de los casos confirmados, de los cuales 20 % se hallaban hospitalizados y 12 % en cuidados intensivos, según un informe del Centro de Control y de Prevención de Enfermedades, de una muestra de 2.500 pacientes establecida el 16 de marzo.

Los menores de 20 años solo representaban menos de 1% de las hospitalizaciones y ninguno se hallaba en cuidados intensivos.

En Francia, entre casi 14.000 casos confirmados el 20 de marzo, 30,6 % tenían entre 15-44 años, según datos de la agencia Salud Pública Francia. Y entre una muestra de 362 personas en reanimación, 8% pertenecían a esta franja de edad, de la cual la mitad no sufría ningún factor de riesgo conocido (diabetes, enfermedad cardíaca, obesidad…)

“No sois invencibles”

Pero entre los casos menos severos, se multiplican los testimonios que advierten que el nuevo coronavirus es más grave que un simple resfriado.

“La COVID-19 no es una broma”, dijo en Twitter el campeón sudafricano de natación Cameron van der Burgh, de 31 años, describiendo “de lejos el peor virus que jamás” contrajo, “pese a tener buena salud con pulmones sólidos (sin tabaco/con deporte)”.

Fiebre alta, cansancio, dificultades respiratorias… Muchos aluden a estos síntomas que impiden al menos temporalmente una vida normal.

En las últimas semanas se multiplicaron los llamamientos a los jóvenes para que tomen conciencia de las recomendaciones sanitarias para proteger a las personas más frágiles pero también a ellos mismos.

“No sois invencibles. Este virus os puede mantener en el hospital durante semanas e incluso mataros”, alertó el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus.

“Jóvenes, esto también os puede golpear. Sabed que vuestro comportamiento puede salvar una vida y puede costar una vida. Y que esta vida puede ser la vuestra”, dijo el alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

En Estados Unidos, las imágenes de jóvenes realizando actividades colectivas durante sus vacaciones universitarias chocaron. Así como en Francia los adolescentes que se dan cita en los grandes parques o para disputar un partido de fútbol entre dos inmuebles.

“Obligación moral”

Esta actitud despreocupada puede haberse visto alimentada por los mensajes que se enviaron desde el inicio de la epidemia, subrayando que esta golpea sobre todo a los ancianos.

De hecho “el costo/beneficio del confinamiento es más elevado entre los jóvenes: si piensan solo en sus intereses egoístas, son quienes más pueden seguir saliendo”, explica Romain Espinosa, investigador de comportamientos sociales del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia.

Pero cualquier adulto joven con buena salud “tiene la obligación social y moral de actuar de manera responsable y de practicar el distanciamiento social (…) Como mínimo, evitará o interrumpirá una cadena de transmisión”, según Alan McNally, director del Instituto de Microbiología de la Universidad de Birmingham.

“Y además puede evitar caer enfermo seriamente y que los médicos deban elegir entre quién es prioritario para recibir un tratamiento”, según el investigador.