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Escrito por:  Fabián Ramírez
Subeditor     Oct 21, 2026 - 5:39 am

El profundo eco que dejó el discurso de grado de Santiago Ortiz García en la Universidad de los Andes no solo se limitó a su crítica contra la mercantilización del éxito profesional, sino que sacó a la luz la inspiradora y exigente trayectoria personal que hay detrás del nuevo abogado summa cum laude. Lejos de pertenecer a los círculos de élite tradicionales que usualmente protagonizan las aulas de las universidades privadas más costosas del país, la historia de Ortiz está marcada por el esfuerzo familiar, el endeudamiento previo y el acceso a la educación superior a través de programas de apoyo socioeconómico.

Antes de alcanzar la máxima distinción académica en su carrera, el joven creador del blog Carnicero Emocional debió transitar un camino lleno de obstáculos financieros. Según relata en sus escritos universitarios, su tránsito hacia la excelencia académica comenzó a dar un giro definitivo el 21 de julio de 2021, fecha en la que fue notificado como beneficiario del reconocido programa de becas Quiero Estudiar de la Universidad de los Andes. Antes de este hito, Ortiz había intentado ingresar sin éxito a la institución, viéndose en la imperiosa necesidad de endeudarse para cursar semestres en la Universidad Externado de Colombia, con la firme convicción de volver a tocar las puertas de Uniandes hasta ser admitido.

El impacto de la beca, que cubre hasta el 95 % de la matrícula y se financia mediante aportes de donantes, representó un alivio financiero sustancial para sus padres, quienes en su momento sopesaban la posibilidad de contraer nuevas deudas y recortar gastos esenciales del hogar para costear la carrera. Sin embargo, más allá del componente monetario, su vivencia dentro del campus estuvo atravesada por las marcadas diferencias de clases sociales. En sus reflexiones sobre el clasismo, el recién graduado reconoció las disparidades económicas frente a una parte de sus compañeros, admitiendo que en su momento recurrió a ahorros personales y a la venta de gran parte de sus libros para adquirir un iPhone, bajo la percepción de que este dispositivo le facilitaría la integración social en un entorno donde los viajes, conciertos, restaurantes y vacaciones formaban parte de la cotidianidad estudiantil.

Pese a estas brechas, el abogado aclaró que nunca sufrió discriminación directa por parte de su círculo cercano, destacando que logró tejer amistades genuinas que lo incluyeron sin estigmatizaciones. No obstante, su testimonio pone de relieve cómo las disparidades económicas influyen directamente en la experiencia universitaria y en la construcción de redes de contactos. En este último punto, Ortiz subraya que formarse en una institución como la Universidad de los Andes otorga ventajas competitivas indiscutibles en el mercado laboral, señalando textualmente en sus escritos: “Firmas que solo contratan uniandinos. Despachos de la Rama Judicial, especialmente de la Corte Constitucional, donde ser uniandino es una ventaja de contratación enorme”.

Finalmente, el joven profesional asume con responsabilidad las contraprestaciones asociadas al beneficio económico recibido. La beca exige retribuir el 20 % de su salario durante un periodo equivalente al doble del tiempo que duraron sus estudios, lo que se traducirá en un compromiso laboral de diez años. Aunque reconoce que esta obligación puede condicionar futuros proyectos personales, el abogado defiende firmemente el mecanismo de retribución, cerrando el círculo de una historia de perseverancia que hoy inspira a miles de jóvenes en el país.

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