La expresión “desastre natural” es “el eufemismo que nos han querido embutir en los últimos dos días”, escribe Calvás en El Tiempo, a propósito de la tragedia en el municipio caucano, que hasta este martes dejaba 28 muertos y un incierto número de desaparecidos.

“‘Desastre natural’, bautizan a la criatura. Y entonces todos empezamos a mirar a la montaña y las incesantes lluvias de este mes de abril como las culpables de estos lamentables hechos”, agrega el columnista, y se suma así a quienes, de tiempo atrás, han criticado expresiones recurrentes en estos casos como “furia de la naturaleza” o “castigo de la naturaleza”, como si la naturaleza tuviera la conciencia y el propósito de atacar al hombre.

Hace dos años, el periodista especializado en temas internacionales y ambientales Ramiro Escobar escribió un artículo en el que también se refería a este tema de manera muy clara, a propósito de una ola de calor en Lima. “No es una maldición, ni un látigo despiadado”, planteó al respecto. “Tampoco ha venido del Cielo, ni porque la naturaleza es mala, perversa, furiosa”, agregó, y dijo que metáforas del tipo “la furia incontenible de los elementos” […] describen poco, o nada, no ayudan a entender lo que ocurre, y a asumirnos como parte de determinados ecosistemas”.

“Los desastres […] no son ‘naturales’, son fundamentalmente sociales”, afirmó Escobar, e insistió en que el término ‘desastres naturales’ […] “esconde un contrasentido que es tan visible como la crecida de un río: si asumimos que una catástrofe es ‘natural’, entonces tendremos que sentarnos a esperar que siempre ocurran, o que solo nos queda rezar”.

“Los científicos o autoridades no necesariamente usan el término con esa lógica. Pero al no aclararlo frente a la población propician que no se entienda que no hay nada de ‘natural’ en asentarse en medio de una quebrada. O que los fenómenos simplemente ocurren y no tienen, en modo alguno, el propósito de perturbarnos la vida o de matarnos. La naturaleza no se enfurece con nadie, solo actúa, hace lo que siempre ha hecho, con más o menos intensidad”, añadió Escobar.

Calvás, hoy, a propósito de la tragedia de Rosas, va al grano y pone el foco donde es con tres preguntas. “¿Qué responsabilidad les corresponde a los alcaldes (porque tanto el actual como su predecesor pueden ser señalados por negligencia) ante un hecho como este? ¿No podían, a través del POT, declarar esas zonas como sectores en riesgo y de manera inmediata proceder a desalojar? ¿No debían los alcaldes y sus secretarios evitar la construcción de viviendas en esa zona de fallas geológicas?”.

Y del nivel local pasa al nacional. “¿Cuál de los gerentes del Fondo de Adaptación va a reconocer desidia en el desarrollo de un proyecto para reubicar a las familias que estaban asentadas en la zona de montaña? ¿Germán Arce? ¿Iván Mustafá? ¿Édgar Ortiz?”, sigue preguntando Calvás, al tiempo que sube en la escala de responsabilidades, porque “hace falta ascender un poco más hacia el nivel central para encontrar otro responsable del asunto. ¿Qué alarmas encendió la Unidad de Gestión del Riesgo (UNGR) sobre el asunto?”.

Por su parte, Luis Carlos Vélez, director de La FM, aseguró que no hay derecho a que, aunque el Fondo de Adaptación tuviera la orden de construir 92 viviendas en Rosas, “ahora le esté tirando la culpa a la constructora que no levantó las casas.  No hay derecho a que la comunidad les haya pedido a sus gobernantes tanto locales como regionales: ‘Por favor, se nos va a caer esta montaña, muévanos de aquí’. Y no ha pasado nada. No hay derecho a que la pelota se la estén pasando gobierno tras gobierno”.

“Lo claro es que las órdenes no se cumplen y lo peor es que más tragedias como estas están por venir”, advirtió Vélez, y exigió en para las próximas elecciones los candidatos a alcaldías y gobernaciones deben tener “una bandera clara sobre medio ambiente. Deben cumplir con la reubicación de familias que viven en zonas de riesgo”.

Aura Lucía Mera, en su columna de El País, de Cali, asegura que la tragedia de Rosas “se ha podido evitar”, y también se refiere a los humanos responsables. “Pero los muertos son campesinos sin nombre, ni votos, seres anónimos que no cuentan sino cuando la muerte los arrastra y por eso los gobernadores y alcaldes de esos dos departamentos no mueven un dedo ni les importa un carajo lo que sucede a su población rural”.

“Tiene que haber sanciones”, reclama Mera como Calvás. “La responsabilidad directa cae sobre las autoridades. Sobre todos esos organismos llenos de burocracia y corrupción que se roban el dinero, no lo invierten y dejan que sucedan estas tragedias, y siguen tan campantes como si no hubieran sucedido nada”.

Con ellos coincide el editorial de El Nuevo Siglo, que recuerda que “cada vez que en Colombia se presenta una tragedia invernal, en medio del dolor y la indignación por las víctimas mortales, los heridos y las pérdidas materiales, surgen multiplicidad de hipótesis sobre las causas directas e indirectas de la catástrofe de turno”.

Y advierte que, como cada vez que se presenta una catástrofe, también las autoridades del orden nacional, departamental y local “se cruzan señalamientos, al tiempo que se descargan culpas en anteriores administraciones, todo ello mientras los entes de investigación y control anuncian sendas pesquisas con el fin de establecer responsabilidades, ya sea por acción y omisión, y aplicar las más drásticas sanciones penales, disciplinarias y fiscales a que haya lugar…Y eso sin contar los asomos de demandas al Estado por parte de los perjudicados”.