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La escena política antioqueña se encuentra en plena transformación de cara a las próximas elecciones legislativas del 8 de marzo. Si bien durante años los mismos rostros han dominado las listas al Congreso, los movimientos internos y la aparición de nuevas colectividades están cambiando el panorama. Prueba de ello es que solo la mitad de los quince actuales senadores de Antioquia intentarán conservar sus escaños. Este momento de renovación se debe en parte a la irrupción de Creemos, movimiento fundado por el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, que desafía la hegemonía tradicional del Centro Democrático, el Partido Liberal y el Partido Conservador, arrebatándoles potencialmente una porción significativa del voto de opinión.
En el caso del Centro Democrático, que en la pasada contienda obtuvo 1,9 millones de votos y trece curules al Senado –tres de ellas para antioqueños–, apenas Esteban Quintero busca repetir. Paola Holguín no aspirará, pues se proyecta hacia la Gobernación de Antioquia en 2027, y Andrés Guerra liderará la lista del partido a la Cámara de Representantes. Esta modificación profunda en la nómina incluye la salida de figuras nacionales como María Fernanda Cabal y Paloma Valencia. La postulación del expresidente Álvaro Uribe como cabeza de lista parece una jugada estratégica para apuntalar a candidatos menos reconocidos mediáticamente, ante una coyuntura en la que no se descartan pérdidas, según proyecciones internas mencionadas por El Colombiano.
Por su parte, Creemos aparece con la meta de obtener al menos una curul en el Senado, encabezada por Juliana Gutiérrez y seguida de Andrés Felipe Bedoya, quienes tienen tras de sí estructuras organizativas y una reciente presencia en las urnas, como muestran los resultados en las pasadas elecciones regionales. Este impulso es relevante ya que logra catalizar a sectores de derecha que antes gravitaban exclusivamente hacia el Centro Democrático.
El Partido Conservador experimenta una reconfiguración notable con la salida de Carlos Andrés Trujillo, quien busca la Alcaldía de Itagüí, y la promoción de Daniel Restrepo y Germán Blanco, además del retorno de Juan Diego Gómez. El fortalecimiento del ala religiosa y de las redes clientelistas muestra la diversidad interna de la colectividad y la fragmentación de fuerzas para captar diversos segmentos del electorado. Entre tanto, en la bancada liberal, María Eugenia Lopera asume el liderazgo apoyada por estructuras locales y la movilización de figuras clave como Santiago Montoya. La salida de reconocidos dirigentes como John Jairo Roldán también evidencia los cambios estructurales.
La izquierda, representada por el Pacto Histórico, encuentra en Álex Flórez y en la senadora Isabel Zuleta sus cartas principales, dependiendo la permanencia de esta última de un umbral de votos alto según lo observado en elecciones previas. De otro lado, las proyecciones sugieren que, más allá de la abundancia de aspirantes –con más de 170 buscando la Cámara de Representantes desde Antioquia–, apenas un pequeño porcentaje logrará escaño, consolidándose así el peso de las maquinarias tradicionales y algunos partidos alternativos como Cambio Radical, la Coalición Ahora Colombia y la Alianza Verde.
A pesar de la permanencia de varios partidos y grupos políticos clásicos, la composición de las listas y el relevo generacional están dando lugar a cambios importantes. El rediseño en las cabezas de lista de organizaciones como el Centro Democrático, el surgimiento de Creemos, la movilización de nuevas caras en la Alianza Verde y la creciente influencia de movimientos sociales y religiosos dibujan un nuevo escenario político. Sin embargo, las estructuras tradicionales aún retienen un peso decisivo y los desafíos de estos comicios marcarán, sin duda, el balance de poder regional.
¿Por qué los partidos tradicionales siguen conservando tanta influencia en la política antioqueña?
Esta pregunta aparece con frecuencia debido a que, a pesar de los cambios en los nombres de los candidatos y la presencia de nuevos movimientos, la mayoría de las proyecciones y estrategias siguen ligadas al peso de las llamadas “maquinarias” políticas y a la movilización de estructuras clientelistas. Los partidos históricos como el Liberal, Conservador y Centro Democrático mantienen una base sólida de poder derivada de sus redes locales, liderazgos regionales y conexiones con sectores económicos y sociales tradicionales. Estas dinámicas dificultan que actores emergentes, incluso con campañas modernas y presencia digital, logren igualar su capacidad de movilización y asegurar escaños a gran escala.
Además, en regiones como Antioquia, los partidos tradicionales continúan jugando un papel central gracias a la experiencia de sus cuadros políticos y la fidelidad de ciertos electorados. Incluso con la diversificación de candidaturas y movimientos, se observa que los puestos clave siguen ocupados por referentes históricos con amplia trayectoria. Ello plantea el interrogante sobre los mecanismos de renovación real dentro de la política local y el futuro de nuevas colectividades frente al poder consolidado de los partidos tradicionales.
* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.
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