“Lo digo basado en que los colombianos hemos visto solamente una parte de los argumentos con los que se construye la hipótesis en su contra y es innegable que hechos, a lo menos cuestionables, han ocurrido en la construcción de esta narrativa”, escribe Vélez en su columna de El Espectador.

Pone como ejemplo de esos hechos las chuzadas por la confusión con el número del celular del expresidente, la filtración de audios de todo tipo a la prensa y “evidentes errores en las transcripciones de las conversaciones telefónicas que realizó el CTI frente al verdadero contenido de las mismas. Esa es la verdad”.

Para Vélez, en todo caso, la Corte “debe actuar con toda firmeza”, basada en sus propios hallazgos, “sean cuales sean”. Ese tribunal —continúa el periodista en su escrito— “no debe dejarse llevar” por lo que él mismo dice en su columna ni por lo que digan otros opinadores “que tengan más peso”, ni por más clics o visibilidad.

“[La Corte] Debe actuar en completa observación de la ley, la independencia y la objetividad”, dice Vélez, aunque, a renglón seguido, advierte que “debe entender su responsabilidad frente a uno de los hechos más severos de nuestra historia reciente: la llamada a indagatoria a un expresidente de la República. No es un tema menor, ni un concurso de popularidad”.

Apela, entre sus argumentos en defensa de Uribe, al caso de alias ‘Jesús Santrich’: “Es importante advertir que la Corte también llega a estas instancias luego de una serie de heridas autoinfligidas que la tienen desprestigiada ante la opinión pública. Me refiero a sus excesivas garantías a un guerrillero narcotraficante, ahora con circular roja de Interpol […]”.

También recuerda el escándalo del cartel de la toga, “que genera indignación nacional al ver cómo uno de sus posibles protagonistas, el desvergonzado Francisco Ricaurte, vuelve a la libertad por el monigote en que se ha convertido la figura del vencimiento de términos”.

E insiste: “La Corte tiene en sus manos lo que mal podría ser el resumen del proceso de paz: un país que suelta a un reincidente y probado narcoguerrillero y llama a indagatoria a uno de los expresidentes que más combatieron la insurgencia en ejercicio”.

Asegura, además, que sus planteamientos obedecen a la razón (una apuesta que, para él, deben hacer todos los medios) y no a las emociones. Y termina asegurando que “es hora de que el expresidente Uribe cumpla su promesa familiar de no lanzarse a un cargo público nuevamente. Creo que debería seguir el ejemplo de su sucesor y contradictor, Juan Manuel Santos. El país merece pasar la página y enfrentarse con nuevos protagonistas y miradas al futuro, uno que se debe construir entendiendo que avanzar es también aprender a soltar”.