Eveline Goubert, madre de la niña cuyo deceso se produjo en 2012, y que le acaba de ganar una batalla legal a ese prestigioso centro asistencial después de ocho años, contó en Caracol Radio otros aspectos desconocidos de su vida que la muestran como una mujer valerosa y resiliente en medio de la tragedia.

“Ha sido una vida muy compleja en cuanto a pérdida se refiere porque yo perdí mi primer bebé, Nicolás, un día después de haber nacido”, recordó Goubert en la emisora. “Luego muere Alejandra y año y medio después de la muerte de Alejandra muere mi hijo Mateo, de 23 años, a causa de un cáncer que desarrolló después de la partida de su hermanita”.

Pero la vida de esta mujer también estuvo marcada por la tragedia del terremoto de Armenia, por el que su familia perdió bienes y ahorros, recordó la frecuencia radial.

Sobre su hija Alejandra, Goubert recordó en ese medio que la llevaron a la Clínica Shaio el primero de junio del 2012, y allí un médico le diagnosticó gastritis “sin hacer ningún tipo de examen clínico”. La niña no mejoró y volvieron a la clínica el 3 de junio en la mañana.

“El médico reconfirma que es una gastritis. Tampoco hace exámenes clínicos. Nos devuelven a la casa y ya. Hacia las horas de la tarde, Alejandra está muy mal y la llevamos de nuevo a la Clínica Shaio”, dijo la madre. “Ahí ya la toma un tercer médico que le hace exámenes y ve que Alejandra tiene el azúcar en 560. Diagnóstica que es una diabetes tipo 1 que finalmente la lleva a la muerte después de 3 días de estar en cuidados intensivos”.

Darcy Quinn, de esa emisora, calificó a Goubert como “un ejemplo de resiliencia”, y contó que es una mujer que “ha transformado todo este dolor en ayudar a los demás en este tipo de pérdida”. La periodista también tachó de “lo más inaudito” el hecho de que la clínica “en su momento culpara” a los padres de la niña al decir que no habían proporcionado la información suficiente o necesaria o los antecedentes familiares para que ellos pudieran llegar al diagnóstico.

“Esa es la batalla más cobarde que he visto”, respondió, serena pero tajante, Gobuert. “Es la primera vez que he estado en un estrado judicial y batallando por una causa tan profunda. Fueron 8 años de reproches y ataques de la clínica tratando de justificarse diciendo que la culpa era nuestra. Argumentaban ese ataque diciendo que en el momento en que llegamos a la clínica no dimos la información de los antecedentes”.

Concluyó que “eso es imposible porque uno no llega con la información de los tatarabuelos o de los bisabuelos a una consulta, y segundo porque jamás lo preguntaron, no hubo unos protocolos de lineamientos de preguntas que nos guiarán hacia dónde quería ir el médico. Uno llega a una urgencia con los síntomas, con la urgencia, con la angustia, con la preocupación de querer saber qué es lo que está pasando y obtener un diagnóstico y un tratamiento adecuado para resolverlo”.

Pero no solo lamentó eso. Ya con el alma en paz, dijo que las disculpas de la clínica se quedaron esperándolas los 8 años. “También fue parte del dolor, porque lo que vimos fue una indolencia de la clínica absoluta, un orgullo y un ego impresionante del médico en estos ocho años… Nos tuvimos que ver muchas veces en los estrados judiciales, no cruzamos ni una mirada. Muchas veces busqué esa mirada con ansia, esa mirada que me dijera: ‘Lo siento’”.

En la emisora leyeron el escueto comunicado que difundió la clínica: “Sea esta la oportunidad de retirarle a su familia y seres queridos nuestros sentimientos de consideración por el dolor que ha causado su partida. La Fundación Shaio cumple con los más altos protocolos de atención y servicio del sistema de salud”.