Kalmanovitz, un economista que, entre otros, fue profesor de las universidades de los Andes y Nacional, decano en esa misma alma máter (Facultad de Ciencias Económicas) y de la Universidad Jorge Tadeo Lozano (Facultad de Ciencias Económico-Administrativas), y codirector del Banco de la República, comienza su diatriba contra la Universidad Sergio Arboleda criticando hasta su nombre.

“Sergio Arboleda fue un hacendado esclavista caucano que defendió con las armas la institución de la que dependía su riqueza”, escribe Kalmanovitz en El Espectador. “Haber escogido el nombre de un político esclavista para identificar una universidad de corte confesional no debe sorprender: a sus fundadores les parece natural la sumisión de unas personas a otras, incluyendo ser propiedad privada de ellas”.

Pero después pasa a descalificar a los docentes de la Sergio Arboleda y sus estudiantes. “Sus profesores no se distinguen por sus investigaciones ni por sus publicaciones y sus estudiantes son reclutados con pocos requisitos académicos. No es una universidad muy selectiva: su tasa de aceptación es de 60 %, mientras que la de la Nacional es de 8 %. El partido conservador ofrece becas a sus jóvenes militantes, quienes no necesitan esforzarse mucho para que se les otorgue un título”.

Con base en esa afirmación, Kalmanovitz embiste al presidente y a algunos de sus funcionarios. “La Sergio navegaba en la mediocridad hasta que un egresado ambicioso de Derecho, de nombre Iván Duque, logró afiliarse al semillero de Juán [sic] Manuel Santos para que le consiguiera puesto en el Banco Interamericano de Desarrollo en Washington en su departamento de relaciones públicas […]. A partir del momento en que su egresado fue elegido presidente bajo la égida del presidente perpetuo, la Sergio encontró su buena estrella”.

El segundo en la lista de egresados de la universidad Sergio Arboleda que desaprueba Kalmanovitz es el fiscal general, Francisco Barbosa; y le siguen el alto comisionado de paz Miguel Ceballos y el actual ministro del Deporte, Ernesto Lucena. Salvo el fiscal, que no fue nombrado, sino postulado por Duque, los otros funcionarios sí están en sus cargos por decisión del presidente.

Pero no es la primera vez que un mandatario conforma su gobierno con egresados de una universidad. Hace dos años, Guillermo Maya, en una columna de El Tiempo, expuso que los cuadros tecnocráticos y de gobierno en Latinoamérica “han salido de las universidades privadas de élite”.

Expuso el caso de México, en donde el expresidente Enrique Peña Nieto se nutrió del Instituto Tecnológico Autónomo de México (Itam) para nombrar ministros, pero fue atacado por el actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, que aseguró que esos funcionarios egresados “del Itam, la escuela de tecnócratas (…) han dañado la economía de la gente y a la nación” y señalando al Itam como “la escuela de la oligarquía”. Pero López Obrador también prometió que la mayoría de sus ministros, 9 de 17, serían de la Universidad Autónoma de México (Unam).

Maya también recordó que, en Colombia, desde el gobierno de Virgilio Barco, “los egresados de la U. de los Andes, pregraduados y másteres en economía, dominan el Ministerio de Hacienda, [y] en la junta directiva del Banco de la República han sido mayoría; y el Departamento de Planeación Nacional también ha sido uno de sus nichos preferidos para el diseño e implementación de políticas públicas”.

Pero no habría que ir tan lejos (en lo geográfico ni en el tiempo) para ver que cada presidente en Colombia busca en determinadas universidades los funcionarios que lo apoyarán en su gobierno. A finales del 2011 el expresidente Juan Manuel Santos pronunció un discurso en la Universidad de los Andes, en el que se refirió a su educación universitaria y se detuvo en lo que denominó una “feliz coincidencia”.

Mi Gobierno parece un salón de clases de esta Universidad: el año pasado teníamos seis ministros Uniandinos… ¡Ahora tenemos siete! No se podrán quejar: 7 de 15 ministros no está nada mal. ¡Eso es casi la mitad del gabinete!”, dijo Santos en su discurso, recogido por La Silla Vacía, y remató: “En el caso de las altas consejerías presidenciales pasa algo similar: de los 12 consejeros que tengo, 4 son Uniandinos —la tercera parte—. Y, como si fuera poco, mi hijo Martín acaba de terminar materias en la Facultad de Derecho. Mejor dicho: estoy rodeado por la Universidad de los Andes”.