Lee, de 47 años, fue condenado a pena de muerte por el asesinato de una niña y sus padres en 1996 durante un robo. Esta ejecución es la primera que se realiza a nivel federal en Estados Unidos, después de casi dos décadas.

A pesar de las múltiples pruebas en su contra, el convicto volvió a proclamar su inocencia antes de ser inyectado. “Yo no lo hice. He cometido muchos errores en mi vida, pero no soy un asesino. Está matando a un hombre inocente”, enfatizó en declaraciones recogidas por AP.

Ruth Friedman, abogada del acusado, denunció en un comunicado de prensa que era “vergonzoso que el gobierno considerara apropiado llevar a cabo una ejecución durante una pandemia”, agregó la agencia de noticias.

Lee, originario de Yukon (Oklahoma), fue condenado en el estado de Arkansas en 1999 y pasó más 20 años en el corredor de la muerte, uno de los centros penitenciarios de más alta seguridad del país norteamericano.

La ejecución estaba prevista para este lunes, pero la jueza de distrito Tanya Chutkan ordenó suspender la sentencia, permitiendo impugnaciones a los protocolos de la inyección letal. Sin embargo, el Departamento de Justicia apeló inmediatamente la sentencia y la Corte Suprema le dio la razón este martes en la madrugada.

Esta semana, igualmente, serán ejecutados otros tres convictos condenados por crímenes federales.