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La tensión aumenta entre Estados Unidos y la Unión Europea a raíz de las amenazas de aranceles lanzadas por Donald Trump para obligar a varios países europeos a aceptar la compra de Groenlandia por parte de Washington. Frente a este chantaje asumido, el mandatario francés indicó, según su entorno, que solicitará a sus pares europeos la activación del “instrumento anti-coerción” comunitario.
La UE dispone de los “instrumentos” necesarios para disuadir a Donald Trump de imponer nuevos aranceles a los países que se oponen a una anexión de Groenlandia por parte de Estados Unidos, advirtió por su parte este lunes el comisario europeo Stéphane Séjourné, para quien “Groenlandia nunca será estadounidense”.
Sejourné, quien fuera ministro de Europa y Asuntos Exteriores de Francia en 2024, tras la reelección de Macron, dijo asimismo que “es necesario que el chantaje cese”. El comisario europeo estima también que “la administración estadounidense comete un error importante al poner a prueba a los europeos en dos principios fundamentales de la construcción europea: la autodeterminación de los pueblos y la soberanía territorial de los Estados miembros de la Unión Europea”.
El detonante de esta nueva crisis transatlántica es la amenaza de Trump de imponer derechos de aduana a varios países europeos para forzarlos a permitir que Washington se apropie de una manera o de otra de Groenlandia. Para Bruselas, ha sido la gota que colmó el vaso.
El presidente estadounidense ha detallado recargos concretos: un 10% de aranceles a partir del 1 de febrero y un 25% desde el mes de junio. Estas medidas afectarían, por el momento, a ocho países europeos, entre ellos Francia, Alemania, Suecia y el Reino Unido. Lo que inquieta a los europeos es que ya no se trata de una negociación comercial clásica. La relación de fuerza es asumida por Washington, conforme a la lógica propia de Trump: utilizar los aranceles como palanca política para influir en una decisión soberana.
Consecuencias económicas para EE.UU. y la UE
Estas amenazas no están exentas de consecuencias económicas. Numerosos sectores europeos continúan exportando masivamente a Estados Unidos, en particular el automotriz, el agroalimentario y el textil. Para las empresas europeas, el impacto sería directo: pérdida de competitividad, márgenes reducidos y retraso de las inversiones. En un contexto ya incierto, la imposición de aranceles adicionales frenaría aún más las decisiones de inversión.
Sin embargo, estas medidas también afectarían a la economía estadounidense. Las cadenas de valor están hoy fuertemente interconectadas y numerosos componentes europeos resultan esenciales para la industria estadounidense. Una guerra comercial tendría, por tanto, efectos negativos a ambos lados del Atlántico.
Ante esta situación, Bruselas podría responder con una sola palabra: coerción. En términos generales, la coerción económica se refiere a la amenaza o aplicación de medidas comerciales para obligar a otro Estado a modificar una decisión soberana. El mensaje de la Comisión Europea a Estados Unidos sería entonces inequívoco.
El instrumento anti-coerción, “bazuca” comercial europea
Este instrumento existe en la legislación europea desde finales de 2023, pero aún no ha sido utilizado. Permite a la Unión Europea responder de manera gradual y selectiva. Entre las medidas previstas figuran la restricción del acceso al mercado europeo, el bloqueo de determinadas inversiones extranjeras y la limitación de servicios, incluidos los digitales.
El objetivo es claro: golpear donde más duele, en particular a los grandes grupos estadounidenses altamente dependientes del mercado europeo. De ahí los sobrenombres que circulan en la prensa para calificar este mecanismo: “bazuca” o “arma nuclear económica”.
No obstante, se trata de una herramienta de último recurso, concebida ante todo como instrumento disuasorio. El problema de la disuasión es bien conocido: mientras no se utilice, su eficacia sigue siendo teórica.
En paralelo, Bruselas contempla una respuesta más clásica: la reactivación de aranceles sobre 93.000 millones de euros en productos estadounidenses. Se trata de una lista ya existente, suspendida tras un acuerdo comercial alcanzado el verano pasado con Washington.
En última instancia, el desafío es esencialmente europeo. ¿Están los Veintisiete dispuestos a utilizar la potencia económica del continente para defender su soberanía? Una cosa es segura: el compromiso, la contención y el multilateralismo son conceptos poco compatibles con la política de Donald Trump.
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