Al informar sobre unas medidas para restringir el acceso a las armas, Ardern estuvo  acompañada por su socio de coalición y viceprimer ministro, Winston Peters.

Peters, cuya formación política, Nueva Zelanda Primero, se oponía a los cambios en materia de ley de armas, dijo que respaldaba totalmente a la primera ministra.

“La realidad es que después de las 13:00 horas del viernes, nuestro mundo cambió para siempre. Y lo mismo harán nuestras leyes”, dijo, hablando del momento en que comenzó el peor ataque en territorio neozelandés.

Ardern también anunció la apertura de una investigación interna sobre un ataque que plantea numerosos interrogantes, en particular sobre cómo Brenton Tarrant, fascista autoproclamado, pasó por debajo de los radares de las agencias de inteligencia.

Las redes sociales también están en el ojo del huracán por la difusión en directo, el viernes en Facebook, durante 17 minutos, de la matanza por parte de su autor, un australiano de 28 años.

El grupo estadounidense dice haber suprimido 1,5 millones de videos. Pero aun así las redes sociales son acusadas de no haber bloqueado las imágenes en “tiempo real del ataque terrorista”.

Un joven de 18 años fue acusado este lunes por una corte de Christchurch por haber retransmitido el video, por haber publicado en línea una fotografía de la mezquita de Al Noor de Christchurch con el mensaje “objetivo alcanzado” y por incitación a la violencia.

Esta tragedia provocó consternación en Nueva Zelanda, país de cinco millones de habitantes de los que 1 % dice profesar el islam, reputado por su tradición de hospitalidad.

El lunes, los neozelandeses de todas las tendencias seguían manifestando su rechazo a los ataques y su rechazo al odio racial.

Ceremonia de purificación

En la mezquita Al Nur se ofició una ceremonia maorí de purificación, que reunió a neozelandeses aborígenes, dirigentes de la comunidad musulmana y autoridades locales. Luego llegaron estudiantes para depositar flores y encender velas.

Otros participaron en un nuevo haka, danza tradicional maorí, en homenaje a los fallecidos. En Auckland, los alumnos de un colegio se juntaron para crear la forma de un corazón y el mensaje “Kia Kaha” (“Sean fuertes”).

Los organizadores del mayor salón de armas en Nueva Zelanda, el Kumeu Militaria Show, cerca de Auckland, anunciaron que anulaban el evento debido a la matanza y a los “elevados riesgos para la seguridad”.

Nueva Zelanda ya había reforzado la legislación sobre las armas en los años noventa pero las leyes sobre tenencia de armas de fuego siguieron siendo muy permisivas. La casi totalidad de las demandas de porte de armas reciben una respuesta positiva.

David Tipple, genrente de Gun City, tienda que vendió al sospechoso cuatro armas de fuego, dijo el lunes que no se sentía responsable por la matanza.

“No percibimos nada fuera de lo común sobre este poseedor de una licencia de armas”, dijo Tipple en una rueda de prensa en Christchurch.

Brenton Tarrant, quien compareció ante una corte de la localidad neozelandesa de Christchurch el sábado, planea representarse a sí mismo durante el juicio, dijo este lunes su abogado, designado por la corte.

El abogado Richard Peters, quien lo representó durante una audiencia preliminar, dijo a la AFP que el australiano, de 28 años, “indicó que no quiere un abogado”.

“Pareció como alguien racional y que no sufre una discapacidad mental. Parece entender lo que pasó”, añadió.

Confianza en la justicia

De acuerdo a la legislación neozelandesa, será juzgado si se declara no culpable, lo que hace que sea posible una confrontación con los sobrevivientes y las familias de las víctimas.

Mustafa Faruk, presidente de la Federación de Asociaciones islámicas de Nueva Zelanda declaró que tenía fe en la justicia.

“Como comunidad, nos gustaría que esa persona sea tratada de manera justa, que tenga acceso a todos sus derechos”, dijo a la prensa. “Creemos en la justicia y sabemos que hará lo que es necesario”.

En paralelo, la impaciencia es cada vez mayor entre las familias que reclaman los cuerpos de sus allegados. La tradición musulmana prevé enterrar un difunto dentro de las 24 horas que siguen su muerte.

El lunes, los operarios seguían cavando decenas de tumas en un cementerio de Christchurch. Los médicos forenses dijeron esperar poder satisfacer los pedidos de las familias rápidamente.

Según una lista que circula entre las familias, las personas fallecidas tenían entre tres y 77 años. Algunas víctimas vivían en el barrio en donde estaban las mezquitas, otras venían de lejanos países. Al menos dos personas muertas eran de la misma familia, un padre y su hijo.

India anunció el domingo que cinco de sus ciudadanos murieron, Pakistán dio cuenta de nueve, de los cuales uno que murió intentando detener al agresor. Siguen hospitalizadas 31 personas en estado crítico.