En Auckland, la ciudad más poblada de Nueva Zelanda, “caen” 74 toneladas métricas de microplásticos sobre la ciudad cada año. Para dimensionar esta cantidad, el grupo de investigadores de la Universidad de Auckland que llevó a cabo el estudio, indica que esto equivale a que cayeran tres millones de botellas de plástico

En realidad, el estudio, que fue publicado en la revista científica Environmental Science & Technology, hace referencia a la gran contaminación por microplásticos que se vive en esta ciudad ubicada al norte de la isla. Para determinar esa cantidad, los investigadores tomaron muestras en dos sitios diferentes durante nueve semanas entre septiembre y noviembre de 2020.

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Según explican en la investigación, la cantidad de microplásticos suspendidos en el aire y detectados en un metro cuadrado en uno de los días, fue de 4.885. Esto es siete veces la concentración detectada en Londres hace dos años y más de 15 veces de la concentración que fue detectada en la ciudad alemana de Hamburgo. 

Los científicos, liderados por el profesor Joel Rindelaub, de la Facultad de Ciencias Químicas de Waipapa Taumata Rau de la Universidad de Auckland, identificaron que la concentración de microplásticos aumentaba cuando los vientos provenientes del golfo aumentaban su velocidad. Esto podría ser clave para entender el rol que juega el océano en el transporte de microplásticos.

“La producción de microplásticos transportados por el aire a partir de olas rompientes podría ser una parte clave del transporte global de microplásticos. Y podría ayudar a explicar cómo algunos microplásticos llegan a la atmósfera y son transportados a lugares remotos, como aquí en Nueva Zelanda”, explicó el profesor Rindelaub.

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Además de la cantidad de microplásticos que identificaron en el aire de la ciudad, hay otro aspecto que preocupa a los científicos: el tamaño de estos. Para este estudio, los investigadores pudieron contar con herramientas que les permitieron capturar trozos de hasta 0,01 milímetros. Esto, a criterio del profesor Rindelaub, “es notable porque los tamaños más pequeños son los más relevantes desde el punto de vista toxicológico”.

Desde hace años, la ciencia ha encontrado evidencia de microplásticos en lugares tan remotos como el Everest, pero también en el estómago y comida de animales marinos. En marzo de este año, investigadoras de la Universidad Libre de Ámsterdam encontraron, por primera vez, microplásticos en el torrente sanguíneo.

“También se han detectado microplásticos en pulmones humanos y en el tejido pulmonar de pacientes con cáncer, lo que indica que la inhalación de microplásticos atmosféricos constituye un riesgo de exposición para los seres humanos”, apunta el documento del más reciente estudio.