Felipe, de 41 años, fue de las primeras pacientes de coronavirus en la ciudad de Florida y desde el inicio estuvo hospitalizada en el Jackson Memorial, donde trabaja desde hace varios años, publica Local 10.

Debido a sus problemas de salud existentes de diabetes y asma, la mujer estuvo muy cerca de la muerte, tanto así que sus familiares llegaron a pensar en preparar su funeral por recomendación de los médicos, explica el mismo medio.

Sin embargo, fue dada de alta el pasado martes y a la salida dio una rueda de prensa ante varios medios de comunicación, que la esperaban con ansias:

“Lo único que puedo decirles es que esto (el coronavirus) es real. Los efectos son reales. Pero lo que es más real es el amor que he recibido aquí, la dedicación de mis médicos y del personal aquí. No creo que hubiera llegado tan lejos si no hubiera estado en este centro de rehabilitación”, dijo Rosa Felipe, citada por Local 10.

A pesar de la felicidad que tiene por poder estar con su familia para las festividades navideñas, la estadounidense todavía sufre las secuelas que le dejó el coronavirus.

Felipe estuvo 2 meses en la UCI, donde se sometió a un intenso tratamiento que se hizo cargo de sus funciones pulmonares y cardíacas. En ese tiempo, los dedos de su mano derecha se pusieron negros y los médicos creen que perderá la punta de los dedos.

“Mis dedos se van a autoamputar”, lamentó la mujer, pero después dijo que en muchos momentos pensó que no iba a sobrevivir, por lo que está agradecida con la vida.

“No pensé que iba a lograrlo. Tenía una gran herida hasta el hueso en la espalda. Siempre tuve miedo de la infección. El dolor que sentía cuando me movían las piernas era mucho. Y si me hubieras dicho en ese entonces que saldría caminando, con dificultad, no lo creía. No me voy a rendir, me voy a poner mejor”, agregó a la cadena NBC.

A continuación, el momento en que Rosa Felipe sale del hospital y habla ante los medios de comunicación: