El tribunal de Abakán, capital de la república rusa de Jakasia, declaró a Valentina Baranovskaya culpable de “participación en una organización prohibida”.

Desde el 2017 está en firme una ley que le prohíbe a los ciudadanos de Rusia ser testigos de Jehová por ser considerado por el Ministerio de Justicia como un “movimiento extremista”, el mismo término con el que se puede señalar a una organización terrorista, a una secta, o a un grupo al margen de la ley.

La señora de 69 años fue condenada a estar los próximos dos años tras las rejas, siendo el primer caso de una persona de avanzada edad.

Pero ella no fue la única afectada. A su hijo también lo enviaron a la cárcel por sus creencias religiosas, pero él deberá estar seis años en prisión.

Para los representantes de los testigos de Jehová la condena contra la mujer es una “sentencia de crueldad sin precedentes”, aunque se suma a los 71 casos parecidos que hay en Rusia. De esos, nueve miembros de esta religión cumplen penas de prisión.

En el país que recibió el Mundial del 2018 y desarrolló la vacuna Sputnik hay una mayor presencia de creyentes de la Iglesia Ortodoxa, que está ligada al Gobierno del presidente Vladimir Putin. Los representantes de esta religión en ese país aseguran que los testigos de Jehová  son una peligrosa secta extranjera que erosiona las instituciones estatales y los valores tradicionales, acusaciones que ellos rechazan.

Con información de AFP