El ejército puso fin a la frágil transición democrática del país el lunes, imponiendo el estado de emergencia por un año y deteniendo a Aung San Suu Kyi y a otros dirigentes de su partido, la Liga Nacional para la Democracia (LND).

El miedo a las represalias persiste en este país que vivió bajo una dictadura militar durante casi 50 años desde su independencia, en 1948. Sin embargo, siguen apareciendo signos de resistencia contra el golpe.

El miércoles por la noche, en el barrio comercial de Rangún, la capital económica, los habitantes hicieron sonar las bocinas y armaron un estruendo golpeando cacerolas por segunda noche consecutiva. Algunos coreaban “¡Viva Madre Suu!”.

En el transcurso de la semana se habían creado grupos en Facebook que piden “desobediencia civil”, pero la compañía informó el jueves que algunos de sus servicios fueron “interrumpidos”.

“Exhortamos a las autoridades a restablecer la conexión para que los habitantes puedan comunicarse con sus familias y amigos y acceder a informaciones importantes”, declaró a la AFP una portavoz de la plataforma.

La compañía noruega Telnor, uno de los principales proveedores de telecomunicaciones del país, confirmó que las autoridades dieron orden de “bloquear temporalmente” Facebook. “Nos vimos obligados a cortar pero no creemos que esta medida (…) sea conforme al derecho internacional”, añadió.

Las autoridades militares ya habían emitido una advertencia a la población para que no dijera ni publicara nada que pudiera “fomentar disturbios o una situación inestable”.

China, principal aliado del gobierno de facto

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo que haría cuanto pueda para que la comunidad internacional “ejerza suficiente presión” sobre Birmania para garantizar un “fracaso” del golpe de Estado. Igualmente lamentó que el Consejo de Seguridad no consiguiera acordar el martes una declaración oficial sobre la situación.

El Consejo de Seguridad de la ONU se reunió el martes pero no logró ponerse de acuerdo. Para ser adoptado necesita el apoyo de China, que tiene derecho de veto, pero Pekín sigue siendo el principal respaldo de Birmania en la ONU. Durante la crisis de los rohinyás obstaculizó todas las iniciativas en esta instancia al considerar ese conflicto un asunto interno birmano.

El miércoles, un portavoz del ministerio chino de Relaciones Exteriores pidió a la comunidad internacional que “cree un entorno exterior sano para que Birmania pueda solucionar sus divergencias de forma adecuada”, considerando que cualquier intervención del Consejo de Seguridad debería “evitar exacerbar las tensiones y complicar aún más la situación”, informó la agencia Xinhua.

El jefe del ejército birmano, Min Aung Hlaing, que ahora concentra la mayor parte de los poderes, justificó el golpe de Estado alegando que hubo fraudes masivos durante las elecciones legislativas de noviembre, que ganó la LND. No obstante, observadores internacionales informaron que los comicios transcurrieron sin problemas.

En realidad, los generales temían que, a pesar de que la Constitución les es muy favorable, su influencia quedara mermada tras la victoria de Aung San Suu Kyi, venerada en su país, afirman los analistas.