Eso le dijo Kenny Tsui, presidente de esta colonia en el país, a El Tiempo, aunque precisó que técnicamente no se tratará de un barrio en donde las personas oriundas de ese país vayan a vivir, sino de un centro comercial donde ofrecerán sus mercancías.

El periódico recuerda que desde hace unos años “se han caldeado los ánimos con algunos de estos migrantes que llegan al sector de San Victorino, en el centro de la ciudad, y comerciantes locales, quienes los señalan como competidores desleales”.

Las tensiones empezaron, agrega el medio, hace cinco años, cuando los chinos “quisieron experimentar en este mercado por la caída de la economía en Europa”.

“La pelea con los comerciantes locales es que los chinos están acostumbrados a vender volumen. Ellos aspiran un margen de utilidad más bajito, es una costumbre. Esto se lo estoy diciendo porque ellos en su país están acostumbrados a vender a un mercado de 1.400 millones de habitantes”, le explicó Tsui, dueño del restaurante chino Cooking Taichi, al rotativo.

Para Tsui, en esa costumbre de los comerciantes chinos radica su éxito en Colombia y en el mundo. “Tienen como filosofía vender volúmenes grandes, aspirando a ganar un porcentaje menor al que seguramente quiere un comerciante local”, agrega, citado por el diario.

Da también otras razones poco conocidas, pero que deben ser tenidas en cuenta para entender por qué los productos que venden los chinos son más baratos: “Mientras un colombiano viaja a ese país y compra en ferias internacionales a través de un exportador, pagando algunos sobrecostos por viáticos y colaboradores, el chino compra directo a fábricas, teniendo en cuenta que conoce cómo es el funcionamiento de estos negocios y maneja el idioma. Además, sus familiares en el gigante asiático son quienes hacen las labores de compra, evitando gastos de desplazamientos”, explicó Tsui a El Tiempo.

El otro factor es que constituyen una cultura de trabajo duro. Tsui le cuenta al periódico bogotano que los chinos trabajan 365 días al año. “No vienen con la idea de descansar dos días por cada cinco de trabajo. Ellos tienen planeado trabajar los siete días de la semana”, dice, y admite que a veces ese encierro es tal que, en el caso de los que se dedican a la actividad de los restaurantes, “dedican todo su tiempo a cocinar el arroz y algunos han terminado por desmayarse en plena labor”.

También revela que no sacan tiempo para ir al médico, y cuando van, se les dificulta conocer lo que les dicen porque no hablan español. Por esa razón “han terminado padeciendo graves enfermedades que ignoran y no las cuidan de la manera adecuada, al punto de morir”.

En suma, hay factores reales que les permiten a los chinos ofrecer más baratos sus productos y servicios, lo que resulta molesto a los comerciantes locales. Por eso, con su comunidad están pensando en crear un centro comercial que se llame Chinatown, “con el objetivo de evitar discusiones con los comerciantes locales”.

“La idea inicial es ubicar este espacio cerca del centro de la ciudad”, por lo que están buscando el “lugar idóneo”, teniendo en cuenta que “no puede estar lejos del comercio, contar con parqueaderos y facilidades de acceso”, le anticipa Tsui al diario.

De acuerdo con Tsui, en el futuro Chinatown en Bogotá buscan establecer lugares “donde los migrantes de este país puedan hacer sus ventas sin entrar en disputa con otros comerciantes. Inicialmente habría ventas de ropa, cacharrerías y, claro, restaurantes”.

Precisó que, en principio, el Chinatown de Bogotá no sería un lugar de vivienda como sucede en otras ciudades del mundo. “Pues los chinos en Bogotá están dispersos por varias localidades y no habría espacio para albergarlos”, explicó Tsui, citado por el periódico. “la población china en el país todavía es incipiente para construir un barrio, por lo que iniciar con un centro comercial sería lo adecuado”.