Por: El Colombiano

El Colombiano es un grupo editorial multiplataforma con más de 110 años de existencia. Nació en la ciudad de Medellín en Antioquia. Fundado el 6 de febrero de 1912 por Francisco de Paula Pérez, se ha especializado en la investigación y generación de contenidos periodísticos para diferentes plataformas en las que provee a las a...

Este artículo fue curado por pulzo   Ene 21, 2026 - 6:12 am
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En los últimos días, plataformas como TikTok e Instagram se han inundado de videos que, a primera vista, parecen escenas de fantasía: personas interactuando con superhéroes, celebridades actuales y figuras históricas, vivas o ya fallecidas. Este fenómeno, aunque sorprendente, es resultado del avance acelerado de la inteligencia artificial, que pone herramientas de edición antes inalcanzables al alcance de cualquiera. Detrás de estos clips virales no existen costosos equipos de grabación o producciones multimillonarias, sino aplicaciones y servicios gratuitos que combinan creatividad digital con poderosas redes neuronales.

Borja Girón, consultor de marketing y creador del canal de YouTube Negocios con IA, lo ha demostrado al explicar el proceso paso a paso: se parte de una fotografía frontal del usuario y una lista de celebridades o personajes históricos. Ese retrato se introduce en un generador de imágenes, donde un texto o “prompt” describe el contexto y las personalidades que deben aparecer junto a la persona. Herramientas como Gemini para la generación de imágenes, Kling para la animación y CapCut para la edición de video, todas en versiones gratuitas, posibilitan que cada usuario arme un video único adaptado a sus deseos.

El procedimiento es sencillo pero eficaz: basta con subir la imagen base y detallar la escena para que la IA produzca la composición deseada. Estos pasos pueden repetirse tantas veces como se quiera para obtener diversas “selfies” irreales que luego se conectan en un video fluido gracias a la animación de los rostros. Así, contenidos en apariencia imposibles se vuelven diarios para las redes sociales, alimentando una tendencia creciente tanto en popularidad como en inquietud.

La técnica también se emplea en un ámbito más polémico: la creación de videos hiperrealistas protagonizados por celebridades fallecidas, como el artista Bob Ross, el cantante Michael Jackson o el Papa Juan Pablo II. Muchos de estos, elaborados con Sora —el avanzado modelo de video desarrollado por OpenAI—, exploran el territorio de los deepfakes, videos o imágenes manipuladas para mostrar acciones que jamás ocurrieron en la vida real.

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Más allá del asombro técnico, numerosos expertos y familiares de las figuras aludidas han mostrado preocupación por los efectos sociales y emocionales de esta tendencia. Constance de Saint Laurent, académica de la Universidad de Maynooth, señala que estos videos alcanzan el denominado “valle inquietante”, una etapa en la que la apariencia excesivamente realista genera incomodidad o incluso angustia. Según su advertencia, recibir videos de seres queridos ya fallecidos podría provocar impactos emocionales negativos, ya que estas imágenes alteran la percepción de la realidad.

No es casual que hijos de reconocidos personajes como Robin Williams y Malcolm X hayan exteriorizado su rechazo público ante el mal uso de la imagen de sus padres en producciones de IA. En el caso de Martin Luther King Jr., la empresa OpenAI optó por bloquear la reproducción de videos con su figura luego de que familiares denunciaran la difusión de contenidos ofensivos. El experimento tecnológico se ha transformado, así, en un desafío ético y legal.

Hany Farid, profesor de la Universidad de California en Berkeley y referente en ciberseguridad, resume el dilema actual: el acceso masivo a estas herramientas facilita la apropiación de identidades y rostros sin consentimiento, poniendo en peligro tanto a personajes públicos como a personas anónimas. Con la proliferación de estos montajes, no solo existe el riesgo de que la sociedad asuma como ciertas informaciones completamente falsas, sino de que se erosione la confianza en los hechos verídicos. Frente a ese riesgo, la regulación avanza con lentitud, mientras la tecnología y las modas de internet marcan el ritmo de la conversación pública.

¿Cómo pueden las plataformas tecnológicas detectar y frenar el uso no consentido de imágenes en videos generados con inteligencia artificial?

El crecimiento de los videos hiperrealistas impulsados por inteligencia artificial plantea nuevas responsabilidades para las empresas dueñas de redes sociales y servicios digitales. Proteger la imagen y la identidad, especialmente de personas fallecidas y de figuras públicas, se vuelve una tarea fundamental en un entorno en donde la tecnología supera continuamente las posibilidades de control manual.

La detección automatizada de deepfakes y el establecimiento de barreras para el uso de rostros sin autorización se perfilan como pasos urgentes y necesarios. No solo se trata de responder a las denuncias de familiares o usuarios, sino también de reforzar los estándares comunitarios y la trazabilidad de los contenidos, para devolverle al usuario final la confianza en la autenticidad de lo que consume a diario.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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