Por: El Colombiano

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Este artículo fue curado por pulzo   Ene 28, 2026 - 7:13 pm
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La reciente muerte de Brayan Holguín Osorno, conocido como El Gordo o Pipe El Grande, ha desencadenado una serie de acontecimientos violentos que mantienen en vilo a la organización criminal La Terraza, de la que era un miembro destacado. Según los reportes presentados por El Colombiano y las autoridades locales, su asesinato, ocurrido en la finca Villa Martha, en la vereda Sabaneta de Copacabana, parece haber avivado tensiones internas dentro de la banda. Pocas horas después del homicidio, dos muertes adicionales vinculadas surgieron en la ciudad de Medellín, donde los cuerpos de las víctimas fueron arrojados desde un automóvil, con los rostros cubiertos, alimentando la hipótesis de un ajuste de cuentas.

El crimen de Holguín Osorno sucedió el 21 de enero, apenas dos semanas tras su salida de prisión, donde estuvo recluido más de cuatro años por delitos como concierto para delinquir y financiación de grupos armados ilegales. Había sido capturado el 16 de septiembre de 2021 en la comuna 3 de Medellín (Manrique) y obtuvo libertad condicional por buen comportamiento. A su regreso, sus allegados alquilaron la finca en la que días después perdió la vida, en eventos rodeados de celebraciones y reuniones hasta que fue acribillado por hombres armados que ingresaron sin previo aviso.

El trasfondo de este crimen parece estar vinculado a deudas internas y rencillas pendientes al interior de la estructura criminal, con especulaciones de que el ajuste de cuentas había sido planeado desde antes de su detención. La violencia no se detuvo con este asesinato, pues al cabo de dos días un vehículo fue visto lanzando a dos personas asesinadas en distintas zonas del nororiente de Medellín. Las víctimas, identificadas como Emanuel Franco Cano y Alirio Alfonso Martínez Echavarría, presentaban características similares: ambos fueron abandonados con la cabeza envuelta en papel vinipel y sin señales adicionales de violencia.

Según información proporcionada por las autoridades y recogida por El Colombiano, Martínez Echavarría había sido detenido el mismo día del asesinato de El Gordo por uso de documentos falsos, pero posteriormente fue liberado, mientras que Franco Cano, recién mayor de edad, no registraba antecedentes. Las circunstancias de estas muertes hacen pensar a los investigadores sobre posibles vínculos directos con el crimen de Holguín Osorno, ya sea como represalia interna o como castigo para evitar delaciones sobre el autor intelectual del hecho.

Estos sucesos se inscriben en un contexto de violencia creciente: las comunas 1 (Popular), 2 (Santa Cruz), 3 (Manrique) y 4 (Aranjuez) han concentrado un considerable aumento en la tasa de homicidios respecto al año anterior, acumulando un 24% de los asesinatos reportados en 2025 según las declaraciones del secretario de Seguridad de Medellín, Manuel Villa Mejía. Las autoridades sostienen que este incremento respondería a disputas entre bandas criminales, y por ello mantienen fuertes operativos dentro de la zona.

Holguín Osorno contaba con un amplio historial judicial, incluyendo casos de desplazamiento forzado, homicidio y uso de documentos falsos. Aún se investiga si había retomado sus actividades ilegales tras ser excarcelado, lo que podría haber despertado nuevas pugnas en la organización. Respecto a Franco Cano y Martínez Echavarría, la policía sigue indagando su implicación directa en los hechos y si fueron víctimas de la misma cadena de venganzas internas que atraviesa actualmente la estructura criminal.

Frente a esta ola de homicidios, la incertidumbre predomina y las autoridades permanecen en alerta para anticipar posibles retaliaciones. El temor a nuevas represalias refleja el ambiente tenso que, por ahora, marca el pulso de estas comunas de Medellín.

¿Por qué los cuerpos de las víctimas fueron envueltos en papel vinipel antes de ser abandonados?

La manera en que los cuerpos de Emanuel Franco Cano y Alirio Alfonso Martínez Echavarría fueron hallados —con la cabeza envuelta en papel vinipel— ha llamado poderosamente la atención de los investigadores y de los medios de comunicación. Según la información recogida en el artículo de El Colombiano, este detalle sería un mensaje intimidatorio dentro de la lógica de los ajustes de cuentas entre bandas, sirviendo para reforzar el clima de temor y resguardar la identidad de las víctimas durante el abandono de los cuerpos.

El uso de este método, lejos de ser casual, obedece a patrones empleados por organizaciones criminales en escenarios de violencia interna, donde se busca enviar advertencias explícitas tanto a los rivales como a los integrantes de la misma estructura. Así, este acto refuerza la hipótesis de que los homicidios están relacionados, funcionando como parte de un ciclo de represalias desencadenado tras el asesinato de alias El Gordo.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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