Por: DIARIO DEL PEREIRA

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Este artículo fue curado por pulzo   Ago 24, 2026 - 12:05 am
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La reciente catástrofe que sacudió a Pereira dejó huellas profundas en la memoria colectiva de sus habitantes y reavivó la necesidad urgente de una planificación responsable, especialmente en la zona afectada por el colector Egoyá. Según Alejandra Marín Buitrago, doctora en planificación y política urbana, la tragedia no solo destruyó edificaciones y desplazó familias, sino que también alteró la identidad y los lazos emocionales de los pereiranos con su ciudad. Para quienes vivieron la emergencia, el proceso de duelo se extiende más allá de las pérdidas materiales; implica enfrentarse a la desaparición de los espacios que hacían parte del día a día, de los encuentros casuales en sitios emblemáticos como la “Calle del tubo”, y de los lugares donde se cimentó el sentido de pertenencia.

El desenlace actual aparece en las imágenes de una ciudad partida, donde la Plaza de Bolívar y la peatonal de la 18, epicentro de emociones y recuerdos, se ven transformadas en escombros, símbolo de un golpe emocional difícil de nombrar o asumir abiertamente. De acuerdo con Marín Buitrago, la identidad pereirana está íntimamente asociada al espacio y, cuando este desaparece, el trauma colectivo se profundiza hasta volverse una herida de orfandad y nostalgia desprovista de la certeza de un eventual regreso. Esto no solo afecta a quienes residen permanentemente, sino también a quienes migraron y anhelaban volver a un lugar que ya no existe como lo recuerdan.

La autora sostiene que el principal reto será ir más allá de la reconstrucción física, impulsando una verdadera sanación territorial mediante una política pública participativa y bien planificada. Ello implica restablecer la confianza en las instituciones con transparencia y sentido comunitario: involucrar a la ciudadanía en convocatorias y obras colectivas, y garantizar soluciones habitacionales dignas y seguras, pues la exposición a nuevos desastres se mantiene debido a la desatención estatal y a la falta de espacios adecuados para los damnificados.

Asimismo, señala la importancia de asumir responsabilidades sobre la calidad de los diseños estructurales, sobre todo en edificios recientes que colapsaron pese a haber sido levantados después de la Norma Técnica Colombiana de 2010. Frente a los antecedentes del colector Egoyá —cuya ubicación sobre una antigua quebrada ya había sido epicentro de daños en terremotos previos, como el de 1999—, Marín Buitrago resalta la urgencia de repensar el uso del suelo y priorizar la creación de espacio público, excluyendo zonas de alto riesgo y permitiendo que los pereiranos reconstruyan tanto la ciudad como sus memorias colectivas.

Finalmente, advierte que este proceso requiere liderazgo y cooperación institucional para mantener el entusiasmo comunitario y no dejar que la inercia de la ayuda ciudadana se disuelva ante la desilusión o el cansancio, pues solo así Pereira podrá sanar y volver a erigirse como hogar y símbolo de identidad compartida.

* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

¿Qué implica el concepto de duelo de lugar en contextos de desastre urbano?

El duelo de lugar, según lo describe Alejandra Marín Buitrago, hace referencia a la pérdida emocional y simbólica que experimentan las personas cuando espacios significativos de su ciudad desaparecen o se transforman por eventos como terremotos. No se trata únicamente de una nostalgia convencional, sino de la sensación profunda de extravío y desarraigo, pues la ciudad deja de ser el refugio seguro y conocido, convirtiendo a sus habitantes en huérfanos de sus propios recuerdos y de la certidumbre de poder regresar a “su” lugar.

¿Por qué es fundamental una planeación responsable en la zona de influencia del colector Egoyá en Pereira?

De acuerdo con lo expuesto en el artículo, la zona de influencia del colector Egoyá se encuentra sobre el lecho de una antigua quebrada y ha sido recurrentemente afectada por terremotos, como ocurrió en 1999 y ahora nuevamente, a pesar de los reforzamientos hechos. Por tanto, una planeación urbana responsable es crucial para evitar la repetición de desastres, reubicando usos del suelo para reducir riesgos y asegurando que futuras intervenciones prioricen tanto la seguridad de los habitantes como la reconstrucción simbólica y emocional de la ciudad.


* Este artículo fue curado con apoyo de inteligencia artificial.

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