Quizá por eso, por no querer ser políticamente correcta, la emprende contra los dirigentes de las Farc en una diatriba airada. Pero empieza por ‘Santrich’ al sostener que tiene fe en la segunda instancia y que el problema “no son los magistrados de la JEP”, porque no cree que sean “la caterva de corruptos que algunos pregonan”.

Para ella, “el problema es lo pactado entre Santos y las Farc”, y dice que se rehúsa “a aceptar que Santrich lleve la institucionalidad al abismo y pase por encima del ordenamiento jurídico, con tal de no responder por los cargos de narcotráfico que hay en su contra en Estados Unidos porque a la extradición es a lo único que realmente le tiene miedo las Farc, como ‘buenos’ narcotraficantes que han sido”.

Sobre los demás jefes de la organización que devino de guerrilla en movimiento político, Dávila asegura que “Colombia no se puede dejar chantajear más por Timochenko y sus muchachos, con el cuento de que si extraditan a Santrich, se acaba el proceso de paz, ¡paja!”.

“Ya todos los excomandantes son oligarcas: no tienen que andar con el fusil terciado y malolientes, huyendo de las bombas del avión fantasma”, escribe Dávila. “Ahora, disfrutan de las comodidades del capitalismo, el Estado los cuida, les presta servicios de salud óptimos como a ningún colombiano de bien, lucen añosos, panzones y perfumados, y el ‘whisky’ hace parte de su canasta familiar”.

“Además, se sienten ‘doctores’, ahora todos tenemos que rendirles pleitesía. Me he encontrado con varios en el Andino en Bogotá vitrineando. ¡La buena vida!”, sigue la columnista. “Pero no nos digamos mentiras, en Colombia hace tiempo están mandando las Farc”.

Asegura, además, que la Farc se convirtió en “la piedra en el zapato” del presidente Iván Duque. “¡Siguen siendo muy peligrosas! Ahora van por las instituciones, nos quieren sometidos bajo su imperio […], mutaron en buitres políticos con privilegios superiores”. Por eso, pide que a ‘Santrich “no lo dejen volar, ¡extradítenlo!”.