El pretexto de Dávila: la caída de la Ley de Financiamiento en la Corte Constitucional. Pero, a partir de ahí, recoge el sentir de una parte del país, sobre todo de los opositores del Gobierno y del jefe de Estado, que incluso antes de que ganara las elecciones le señalaban como una de sus deficiencias la falta de experiencia.

“Carrasquilla es solo uno de los problemas de Duque —escribe Dávila en su columna—. En el fondo, aquí hay una verdad incontrovertible: el Gobierno lo está haciendo muy mal. Falta rigor, compromiso, experiencia y sentido común. Falta una cabeza que dirija y guíe, falta alguien que actúe con determinación”.

Pero eso no es todo. “Aunque lo vemos, está en Palacio, viaja por el mundo, a veces hace alguna alocución y lleva más de un año en el poder, he llegado a la triste conclusión de que el presidente Duque es como un holograma, como una ilusión, su mandato no tiene fondo, no tiene cuerpo, todo lo sobrepasa”, sigue Dávila con una virulencia que rememora el título del célebre monólogo de Gabriel García Márquez ‘Diatriba de amor contra un hombre sentado’, porque es solo la voz de ella la que habla. Por supuesto, Duque no le responderá.

Además, claro, en este caso, de amor no hay absolutamente nada: “¡Aquí falta gobierno! Duque ganó las elecciones por un golpe de suerte y las consecuencias son evidentes. A pesar de su preparación y su buena reputación en el mundo político, la verdad es que nadie daba un peso por él, de cara a la presidencia, pero ganó, gracias a los votos de Uribe, al desgaste de Santos y a que su contendor en segunda vuelta fue Gustavo Petro”, escribe la columnista.

Dávila le recrimina a Duque que “nada le sale bien” y que su Gobierno “va de tumbo en tumbo”, al punto de que no cree que sea una casualidad que los “hechos pintorescos y ridículos” persigan al Mandatario.

En medio de la andanada, le tacha a Duque sus errores (o los de su Gobierno): la embarrada en la ONU con el informe sobre Venezuela, el tiempo perdido y el desgaste que significaron las objeciones a la ley estatutaria de la JEP; el haber perdido, también en la Corte Constitucional, la batalla por el uso del glifosato; las fugas de ‘Jesús Santrich’ y de Aída Merlano, la “desafortunada” propuesta de la ministra de Transporte de “regalarle más de un billón de pesos a Odebrecht y a Sarmiento por la Ruta del Sol 2”, las marchas estudiantiles…

Si bien los protagonistas del monólogo de García Márquez son una pareja de ricos que lleva veinticinco años de casada y la trama aborda temas como el adulterio y el desamor, para el caso de la columna de Dávila llama la atención que el personaje femenino de la obra, Graciela, reconviene duramente al hombre sin encontrar nunca respuesta, por lo que a ella le va quedando solo una profunda frustración.

Mucho de eso es lo que, seguramente sin quererlo, deja ver también Dávila en su columna, al final de la cual le da un último latigazo a Duque, a manera de advertencia: “Le quedan dos años y diez meses en el cargo, aunque el último año no se cuenta porque llega con la campaña. […] Entonces, tendrá el sol a las espaldas y habrá menos políticos dispuestos a acompañarlo. O sea, […] en realidad le quedan menos de dos años. Quizás todavía pueda ‘enderezar’ y dejar de ser un presidente holograma”.