Para comenzar, la columnista apela al concepto banalidad del mal, desarrollado por la filósofa judía Hannah Arendt en un libro dedicado al criminal de guerra nazi Adolf Eichmann (‘Eichmann en Jerusalén’), sobre cuya personalidad dijo que “no era estupidez, sino una curiosa y auténtica incapacidad para pensar”.

Es con base en eso que Duzán construye el perfil de ‘Santrich’: “Desde que lo conocí […]  me impresionó su incapacidad por tener una conciencia moral sobre sus acciones, algo que sí les vi a varios de los comandantes guerrilleros que hoy siguen jugados por la paz”, escribe Duzán en su columna.

Recuerda también que el hoy prófugo de la justicia “no tenía mando, pero (también) era un ambicioso burócrata de la guerrilla que sobresalía por su obediencia a los dogmas en los que había sido educado y por su incapacidad para moverse hacia otras esferas en las que tuviera que utilizar su conciencia”.

“Tenía ínfulas de hombre culto”, agrega Duzán, pero también asegura que “carecía de cualquier sentimiento de culpa; una rara combinación que en realidad lo que demostraba —en palabras de Arendt— ‘era una verdadera y auténtica incapacidad para pensar’”.

También asegura que siempre creyó que la cercanía de ‘Santrich’ con Iván Márquez “había sido uno de los peores obstáculos en el proceso de paz […] y una de las razones para que el acuerdo se hubiera demorado más de la cuenta”.

“A los dos los unía una relación orgánica, en la que Santrich era la marioneta banal de los dogmas inamovibles que Márquez pretendía imponer en la mesa de negociación”, sigue Duzán en su esbozo del carácter y la personalidad de ‘Santrich’.

Por eso, ahora piensa que “con su cobarde huida, todo lo que se diga de ‘Santrich’ puede ser posible. […] Demostró ser un cobarde incapaz de cambiar sus preceptos y de aceptar sus crímenes. No pudo estar a la altura de la mayoría de los excombatientes que le siguen apostando a la paz a pesar de los problemas”.

Según Duzán, ‘Santrich’ “nunca pudo recuperar su capacidad para pensar y terminó convertido en un pelele”, y se pregunta: “¿Podrán revivir las Farc desde Venezuela, donde hay un régimen corrupto y antidemocrático que los necesita para que lo defiendan?”.

Dice que ella no lo cree, pero lanza una grave advertencia: “No sobra recordar que los mayores horrores pueden ser causados por personas superficiales, mediocres y en nombre de razones estúpidas. En eso consiste la banalidad del mal”.