“A no ser que ocurra un milagro, las elecciones del 27 de octubre las van a ganar los poderosos clanes que se tomaron por asalto la política en varias regiones del país”, así inicia María Jimena Duzán su columna en la revista Semana.

En su artículo de opinión, la periodista también recuerda las investigaciones, negocios y cuestionamientos que pesan contra notables líderes políticos en varias zonas de Colombia.

Duzán da a entender que los ojos del país están más puestos en los enfrentamientos que libran defensores y detractores del expresidente Álvaro Uribe “en las altas esferas”, que sobre los verdaderos poderes: los “clanes políticos” que “se están apropiando del país”.

Respecto a estos últimos, la comunicadora se concentra primero en las familias que desde hace varios años tienen gran influencia en la política de la Costa Caribe, resaltando al ‘clan Char’ en el Atlántico, pues este, indica, “va a poner alcalde y gobernadora” en ese departamento.

Pero la influencia de la familia del hoy alcalde de Barranquilla Alejandro Char no solo se extiende al Atlántico, menciona Duzán: la posibilidad de que “pongan gobernador” tanto en Magdalena, gracias a su alianza con el “clan Cote”, como en Córdoba, sería un gran triunfo para esa familia “que anda en la tarea de posicionar a Alex [Alejandro] Char como su candidato a la Presidencia de la República”.

“Para eso es el poder en los clanes: para imponer su sangre y su descendencia. La política se nos volvió feudal, sin remedio”, destaca la opinadora.

Las posibles elecciones de Yahir Acuña y Vicente Blel Scaff en las gobernaciones de Sucre y Bolívar, respectivamente, así como el poder de los Gnecco y del condenado ‘Kiko’ Gómez para, supuestamente, influir en la elección de alcalde y gobernador en el Cesar y gobernador en La Guajira, respectivamente, también son cuestionados por la columnista, entre otros, por sus supuestos y probados (en el caso del padre de Blel Scaff) vínculos con la parapolítica en la región.

“En los clanes, la unión se hace en torno al parentesco y no a las ideas y se privilegia la sujeción y el silencio a la transparencia y el debate público. Se siente el tufillo mafioso: la democracia y la posibilidad de disentir no son mayor dogma en los clanes y los que se atreven a cuestionarlos, no son bienvenidos”, enfatiza Duzán.

En departamentos como Valle del Cauca, Guaviare y Caldas, varios “clanes electorales” también tendrían garantizada su continuidad en el poder gracias a sus ungidos, afirma la periodista.

La comunicadora denuncia que la política en Colombia se ha convertido “en un ejercicio feudal, con un claro talante mafioso” y que la culpa es tanto de la justicia como de la sociedad y de quienes deciden no votar.