Las más recientes declaraciones de Cabal sobre NYT fueron consecuencia del artículo del periodista de ese medio Nicholas Casey en el que asegura, después de consultar varias fuentes, que en el Ejército colombiano está haciendo carrera una política operacional que reviviría los ‘falsos positivos’.

“¿El New York Times quién es? ¿Tan respetable? Para mí no es respetable el New York Times. Es el rey de las fake news”, le dijo Cabal, la semana pasada, a El Tiempo. También difundió una fotografía para asegurar que Casey tenía una relación próxima con las Farc, pero resultó ser falsa.

Lo primero que recuerda Akerman en su columna del diario bogotano es que la hoy senadora uribista fue directora de Asuntos Internacionales de la Fiscalía entre noviembre de 2005 y marzo de 2007, cargo por el cual fue conocida como ‘la canciller’ del ente acusador.

Citando a La W y “otros medios nacionales”, Akerman reconstruye hechos sobre los cuales hace la siguiente afirmación: “Desde el despacho de Asuntos Internacionales de la Fiscalía, manejado en ese momento por Cabal […], se filtró al Ministerio de Defensa, antes de que ocurriera y saltando el conducto regular, la trascendental decisión que adoptó la Unidad de Derechos Humanos llamando a indagatoria a más de 60 militares por la masacre de Apartadó”.

Pero eso no fue todo. El columnista del periódico capitalino cita también a La W y “otros medios nacionales” cuando informaron que, poco antes de la filtración de información en el caso de la masacre de Apartadó, “se había conocido de otra presunta filtración de órdenes de captura y pedidos de extradición que realizó alguien de esa oficina encabezada por Cabal […], esta vez a varios narcotraficantes que consiguieron eludir los operativos conducentes a su captura de las autoridades estadounidenses, ya que contaban con la información previa de los operativos”.

“Alguien estaba, desde la oficina manejada por Cabal, protegiendo a los militares y a las mafias”, dice Akerman. “Esto originó una crisis en el ente investigador y la salida de varios funcionarios, momento en el que la fiscal Cabal decidió tomarse unos días de vacaciones y no contestar llamadas, ni siquiera de Iguarán”.

Pero poco después, recuerda Akerman, Cabal renunció a su cargo en la Fiscalía. “La hoy senadora Cabal Molina y su esposo, el ganadero José Félix Lafaurie, han sido y son amigos y cercanos de varios militares acusados y sentenciados por ejecuciones extrajudiciales de civiles”, agrega.

Para Akerman, esta pareja siempre ha defendido “mediáticamente a los militares” y los trata “como los héroes de la patria, incluso a los que se han descarriado y cometido actos de barbarie como los falsos positivos o las ilegales alianzas con las mafias y el paramilitarismo para combatir a la guerrilla. Eso explica por qué la senadora Cabal atacó al periodista Nicholas Casey con mentiras y falsedades después del artículo en The New York Times sobre la doctrina militar del Ejército colombiano”.