Persiste en esa idea, asegurando en su columna del diario capitalino que “más pronto que tarde, los medios en Colombia van a verse obligados a cobrar por sus contenidos y los usuarios van a tener que pagar, del mismo modo que lo hacen al suscribirse a Netflix o a Spotify para ver sus series favoritas o para oír los últimos éxitos musicales”.

Pero su propia encuesta, planteada al pasado 11 de mayo, ya le había adelantado una idea de lo que piensa la gente al respecto. El caricaturista preguntó: “¿Cuánto pagaría usted por recibir en su correo un boletín semanal de caricaturas como la @VLADDOMANIA, sin publicidad y en alta resolución?”. Y dio 4 opciones: un dólar semanal, un dólar quincenal, un dólar mensual y ni un centavo.

Cuando cerró la encuesta, habían participado casi 5.000 personas y los resultados él mismo los calificó de “poco alentadores”. El 10 % marcó la opción de pagar un dólar semanal por los contenidos de Vladdo, el 8 % dijo estar dispuesto a pagar un dólar quincenal, el 20 % puso que un dólar mensual, pero el dato que desalentó al caricaturista es que el 62 % dijo que no pagaría ni un centavo por sus caricaturas.

“La mayoría de la gente quiere las cosas gratuitamente. Sin apoyo financiero es muy difícil producir buenos contenidos”, concluyó Vladdo en ese momento, después de leer también los comentarios que le hicieron a su pregunta sobre cuánto estaría dispuesta la gente a pagar por sus caricaturas.

Si bien unos seguidores le dijeron que sí, muchos otros le escribieron cosas como “Ni un peso”; “Nadita de nada, no podemos con una cuenta más. Sos muy bueno, pero podemos vivir sin vos y tus espléndidas caricaturas”; “¿Pagar para leer opiniones de otros? Pero si uno viene a Twitter a eso y es gratis”; “No pagaría Vladdo. Haría exactamente lo que hago con la prensa que cobra, buscar alternativas que las hay buenas (no me importa la publicidad) y seguramente otros artistas de la caricatura emergerían y ganarían popularidad e influencia”.

Con todo, Vladdo retomó el tema este miércoles en El Tiempo, con argumentos como que pese a que internet, los teléfonos inteligentes y Twitter, WhatsApp o Facebook “[…] han democratizado la obtención y difusión de información”, también han “facilitado la propagación de información manipulada”, por lo que hoy “cualquiera puede abrir un portal ‘informativo’ y llenarlo de infundios, datos sin confirmar, rumores, verdades a medias y, por supuesto, de noticias falsas”.

“Aunque muchos se resistan a entenderlo, producir buena información obliga a las empresas periodísticas –más allá de que se trate de publicaciones tradicionales o nativas digitales– a invertir grandes recursos en talento humano, tecnología e infraestructura”, dice Vladdo. “En un país donde la piratería de música, libros, películas y software es una práctica habitual, no debe ser fácil convencer a la gente de pagar contenidos noticiosos. Sin embargo, por impopular que sea, es una medida indispensable si queremos periodismo de calidad”.