Así lo informó Semana en su edición impresa de este fin de semana, en donde recoge testimonios de algunos de los ‘héroes de la patria’ que están dando sus versiones a las autoridades, pero que prefirieron permanecer en el anonimato, por seguridad.

Uno de los militares que estuvo en la unidad de Bucaramanga califica la persecución como “una cacería impresionante” al interior del Ejército para dar con los responsables de dar información a medios como The New York Times: “Nos preguntaban quiénes de nosotros eran los que habían hablado con los periodistas y como parte de esa cacería nos hicieron esas entrevistas”, narra el uniformado, sobre la citación a la que respondió con 14 compañeros más en la sede de la segunda División de la ciudad santandereana.

La ‘Operación silencio’, como la tituló Semana, no sería solo por el tema del posible regreso de los ‘falsos positivos’, sino “por las confesiones que están haciendo varios militares ante la Justicia Especial para la Paz (JEP) por lo que sucedió en la época de los falsos positivos hace más de una década”.

Las intimidaciones a los militares se están haciendo a través de llamadas o encuentros cara a cara con sus familiares. “A mi me hicieron llegar a mi celular fotos de los seguimientos a mis hijos menores de edad en el colegio. También de mis padres, que ya son personas mayores”, denunció uno de los uniformados entrevistados por Semana.

Otro aseguró que le dejaron sufragios en su casa “que decían que por sapo me iban a matar a mí y a toda mi familia”.

Uno más dijo que “Los teléfonos son intervenidos incluso pagando a gente de las salas de interceptación de la Fiscalía para chuzar ilegalmente las comunicaciones para saber qué hablamos y con quién”.

Detrás de las amenazas e intimidaciones estarían “grupos especiales de contrainteligencia, que tienen la misión de identificar y presionar a los que están contando lo que pasa”, añade la revista.

Sin embargo, deja claro en su artículo que “lo que está ocurriendo no se trata de un tema de institucionalidad, sino de las actitudes de círculos de personas que aprovechando sus posiciones privilegiadas de mando puede llevar al Ejército a revivir épocas oscuras”.

Asimismo, destaca que “el verdadero fondo” de todas esas presiones “es evitar que se conozcan otras cosas de algunos que están al frente de la institución”, según contó otro uniformado.