Un grupo de 13 estudiantes, junto a su profesor, se encontraban navegando por el fiordo de Praesto en un helado y ventoso día, cuando desafortunadamente su embarcación de volteó, publica el diario BBC.

Todos cayeron al agua fría, que no superaba los 2 grados Celsius, por lo que el docente les dijo que debían nadar o iban a morir de hipotermia. La mala noticia es que la orilla del estrecho estaba a cientos de metros, explica el mismo medio.

“Estaba tan helado, tan frío, que había hielo en el agua. Yo quedé debajo del bote; todos gritaban, era como irreal”, recuerda para el rotativo británico Katrina, una de las niñas víctimas del accidente.

De los 13 menores, solo 6 lograron sobrevivir y llegar a la orilla, mientras los otros 7 se quedaron en el intento y la historia ya pintaba trágica. Casper fue uno de los que no pudo seguir nadando a pesar de que sus compañeros trataron de ayudarlo. “Su corazón, entonces, dejó de latir. Clínicamente, estaba muerto”, indica BBC.

Katrina, por su parte, fue de las que logró sobrevivir por su cuenta, pero cuando llegó a tierra se encontró un bosque desolado y tenía tanto frío que no sentía ninguna parte de su cuerpo, por lo que llegó a pensar que iba a morir en medio de los árboles, señala ese diario.

“Fue realmente difícil porque no tenía fuerza en mis piernas y me caía. En ese momento, pensé: ‘Ok, ahora voy a morir'”, dijo al medio inglés, y añadió que tuvo suerte porque vio a un hombre a lo lejos, al cual le gritó con todas sus fuerzas.

El sujeto avisó a las autoridades y al lugar llegó un helicóptero con paramédicos y de inmediato trasladaron a los 13 niños y al docente al hospital Rigshospitalet, en la ciudad de Copenhagen, donde los atendió el doctor Michael Jaeger, informa el medio británico.

“Estaban fríos como el hielo. Y sabemos que, cuando llegan personas tan frías como ellos, podemos resucitarlas… Ellos estaban muertos pero no realmente muertos. Todavía teníamos una opción”, explica el médico al diario, en donde también comentó como fue que los resucitó.

La técnica que utilizó Jeager fue calentar la sangre de los niños un grado por cada 10 minutos. Para fortuna de los familiares, que gritaron a penas los vieron despertarse, 6 horas después del accidente, los corazones de los 7 volvieron a latir.

“Cuando has estado a punto de morir, es diferente. Mentalmente, a veces, sufro algunos colapsos. He aprendido qué es lo importante y qué no es importante. He aprendido a diferenciar las cosas por las que vale la pena luchar. Estoy muy feliz de estar viva”, finaliza Katrina para BBC.