Viajar solo o acompañado es un tema de preferencia. Hay algunos para los que viajar solo es regla y no conciben otras formas de hacerlo. Otros los hacen por experimentar un tipo de viaje diferente o por una situación particular y hay otros muchos que nunca se plantearían la idea de emprender un viaje en solitario.

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No se trata de establecer juicios de valor y decir que una opción es mejor que la otra. Finalmente, cada viaje es diferente y cada cual viaja como le place, como se siente cómodo haciéndolo según el momento en que se encuentra. Sobre este tema no hay absolutos que valgan.

Lo que si resulta curioso, es la diferencia de posiciones que asume muy frecuentemente nuestra sociedad dependiendo del género del viajero. Digo curioso pues a nadie le resulta extraño que una mujer se mueva libremente por su ciudad, que tome los transportes públicos, que visite un museo por su cuenta. Tampoco es extraño que interactúe diariamente con desconocidos para bien o para mal, que tome un café sola o que lea un libro en un parque. Pero todo esto parece adquirir una complejidad y un mérito enorme al presentarse un eventual cambio de escenario.

Frases que las mujeres viajeras han oído al menos una vez

Cuando una mujer decide viajar sola suele enfrentarse a la sorpresa de quienes la rodean. Mientras prepara su viaje entre incrédulos “¿de veras?” y dubitativos “ooh, qué… interesante”, las preguntas empiezan a hacer parte de la burocracia social. Inevitablemente una y otra vez verá surgir alguna (o todas) las siguientes frases:

1– “¿Sola?”

Sí, sola. Así como voy sola al trabajo, al mercado o al gimnasio. Así como puedo quedarme sola en casa todo un fin de semana sin desear la compañía de nadie o salir a caminar la ciudad sin más compañía que la de mis pensamientos. Sola.

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2- “¿Por qué sola?”

Esta pregunta suele tener una naturaleza doble. Puede surgir de una verdadera duda por parte de alguien que simplemente no entiende que viajar solo es, efectivamente, una opción. Pero también puede venir cargada de una condescendencia profunda por parte de alguien que asume que una mujer viaja sola porque no tiene a nadie con quien compartir esta experiencia. Nadie que haya querido unirse a su periplo: ni un novio, ni amigos dispuestos, ni un colega… ¡ni siquiera su familia! Lamentamos decepcionar a los condescendientes que nos quieres abrazar y decir “pobrecita”, viajo sola porque quiero, no porque así me “toca”.

3- “¿Y a qué vas? ¿Qué vas a hacer allá?”

No sabíamos que se necesitaran justificaciones para emprender un viaje. ¿A qué voy? A viajar, a conocer, a descubrir. ¿Qué voy a hacer allí? Lo mismo que haría si fuese acompañada, solo que cuando yo quiera y como yo quiera. Voilà.

4- “¡Qué valiente!”

Honestamente, nos gustaría saber cuántos hombres que anuncian que van a viajar solos han escuchado esto como primera reacción. Pareciera que la decisión de una mujer de viajar por su cuenta fuera primero un acto de valentía antes que una voluntad de conocimiento y exploración.

Es cierto, hay situaciones y lugares en que las mujeres somos más vulnerables, pero por lo mismo solemos ir con los ojos bien abiertos y tanteando el terreno con inteligencia. Para una mujer viajar sola representa entre muchas otras cosas descubrir los diferentes roles e implicaciones de su género según el contexto en que se encuentre, además de la posibilidad de actuar acorde a esto. Es la oportunidad de descubrir la cultura local por medio de sus congéneres, de comprobar por sí misma a lo que se refería Joseph Campbell al afirmar que la sociedad es patriarcal y la naturaleza matrilineal.

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5- “¿No te aburre estar sola?”

Evidentemente no. Si así fuera ¿por qué decidiría viajar sola?

6- “¿Qué opinan tus papás?”

Sí, creámoslo o no ésta pregunta sigue surgiendo independientemente de la edad. Tal vez la culpa de que decidas irte sola es de ellos. Unos padres que transmiten a sus hijas seguridad, confianza y curiosidad frente al mundo serán más propensos a verlas partir un vez hechas mujeres a verlo todo con sus propios ojos. A reafirmar que todo lo pueden y que el mundo es de ellas si así lo quieren, tal y como ellos nos enseñaron. Así que ¡gracias papás!

7- “Yo no sería capaz de hacerlo”

Bueno, nadie dijo que era un requisito para la vida. Viajar no se trata de someterse a pruebas de resistencia ni de intentar probar absolutamente nada. Cada cual escoge la forma en que viaja sin que una sea mejor o peor que la otra. Mientras se disfrute, se aprenda y se comparta, ya hay ganancia. Está muy bien no sentirse capaz de viajar en solitario por todo lo que implica la soledad como tal. Lo triste, es no sentirse capaz por el simple hecho de ser mujer.

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