A nivel mundial, más del 40 % de las especies de insectos están declinando o están amenazadas de extinción, “y cada año, un 1 % suplementario se agrega a la lista”, calculan Francisco Sanchez-Bayo y Kris Wyckhuys, de las universidades de Sydney y del Queensland, en Australia.

“La proporción de especies de insectos en declive (41%) es el doble que las de los vertebrados”, subrayan.

Principales responsables de ello son, según estos científicos, la agricultura intensiva, los nuevos tipos de pesticidas, la reducción de los hábitats de insectos, y el cambio climático.

El declive de insectos no solo amenaza la polinización de los cultivos, y, por tanto, la alimentación humana, sino que genera la progresiva desaparición de sus depredadores: pájaros, erizos, lagartos o anfibios. En menos de 30 años, el declive de los insectos en Europa (-80%) ha contribuido a la desaparición de más de 400 millones de pájaros, según los científicos.

Pero, ¿cómo se ha podido establecer la catástrofe que padece ese micromundo, apenas perceptible por el ojo humano?

Entre otras cosas, con el trabajo de un grupo de voluntarios alemanes que han documentado desde hace más de 30 años el “apocalipsis de los insectos”.

La discreta labor de este puñado de voluntarios alemanes en Krefeld, en la frontera con Holanda, facilita la toma de conciencia mundial sobre el “Armagedón de los insectos”, desde que un primer estudio de octubre de 2017 se basara en sus descubrimientos, en la revista científica PLOS One, seguida de otras más.

Su preciosa colección, entre 40 y 80 millones de insectos, flota en botellas de etanol guardadas en cartones. Todo ello está acumulado en las viejas salas de una antigua escuela, protegido de los rayos del sol por espesas cortinas.

“El resultado de esta labor de más de tres décadas es una de las escasas medidas de la desaparición de insectos en Europa”, indica a la AFP Martin Sorg, uno de los principales encargados del lugar, con sus gafas tipo John Lennon y largos cabellos que flotan sobre su chaleco.

Aunque cada insecto aún deba ser repertoriado —una tarea hercúlea para estos aficionados en su mayoría jubilados— su declive cuantitativo es ya considerado vertiginoso: en Krefeld, la masa de insectos ha retrocedido ya 76% en 30 años.

“Hemos tomado conciencia de la gravedad de este declive en 2011, y luego, cada año, constatamos que las cosas iban a peor”, asegura Martin Sorg, que decidió entonces alertar sobre esta situación.

Abejas y mamíferos

En la época, el destino de las abejas apenas empezaba a preocupar a la opinión pública. Salvo en los medios ecologistas, los temas de la biodiversidad se reducían a los populares mamíferos, y el término “urgencia climática” no existía.

La “vigilancia medioambiental”, es decir, la sistemática toma de datos de un ecosistema, era aún considerada como un ‘hobby’ dominical o una actividad militante. Y la comunidad científica observaba a estos aficionados con un poco de displicencia.

Pero, en 2011, a algunos kilómetros de ahí, el profesor holandés de ecología Hans de Kroon está trabajando sobre el declive de los pájaros de la región, que considera está vinculado con una penuria de alimentos. Pero le faltan datos.

“Nuestros colegas de Krefeld tomaron contacto con nosotros diciendo: +tenemos los datos sobre los insectos, y también constatamos un claro retroceso, y estamos muy preocupados. ¿Pueden ayudarnos?+”, recuerda el profesor de Kroon.

Los datos de los aficionados son enviados al laboratorio universitario y dan lugar en 2017 a una importante publicación, antes de alimentar en febrero pasado una primera síntesis de 73 estudios sobre el estado de la fauna entomológica en todo el mundo en los últimos 40 años, desde Costa Rica a la región francesa de la Camargue.